Mogna se prepara para recibir a miles de fieles en un nuevo homenaje a Santa Bárbara
El pequeño paraje jachallero de Mogna volverá a convertirse este jueves en el corazón de la devoción sanjuanina. Como cada 4 de diciembre, la celebración en honor a Santa Bárbara convocará a una multitud que, según las estimaciones de la organización, superará las 15 mil personas. El pueblo, de apenas 350 habitantes, ya vive días de intensa actividad y un movimiento inusual para su ritmo cotidiano.
La comunidad espera esta edición con especial expectativa: la Casa del Peregrino fue renovada totalmente y se sumaron mejoras en distintos espacios vinculados a la parroquia. Para una localidad que carga con años de aislamiento, dificultades en el acceso y problemas estructurales que la acompañan desde siempre, cada avance se celebra como un triunfo colectivo.
Una tradición que sostiene al pueblo
Mogna es sinónimo de fe y resistencia. Su historia está atravesada por la decisión de sus primeros pobladores, que en el siglo XVIII se negaron a abandonar la zona pese a las órdenes coloniales de trasladarse a la naciente Villa de Jáchal. Esa voluntad de permanecer sigue siendo una marca profunda en quienes viven allí y en quienes regresan cada año para agradecer o pedir una gracia.
Durante los días previos a la fiesta se observa un tránsito constante de vehículos, jinetes y caminantes. Muchos llegan con promesas, otros en familia, algunos con la intención de permanecer varios días. Este año incluso un grupo de más de 20 corredores de Albardón Trail Running hizo un recorrido dividido en etapas hasta llegar al templo, sumándose al clima de peregrinación.
Pequeñas mejoras que significan mucho
Aunque el avance en infraestructura es lento, en Mogna cada obra tiene impacto directo. La reciente puesta en funcionamiento de la escuela secundaria permitió que los jóvenes puedan terminar sus estudios sin abandonar el paraje. La señal de internet, aunque irregular, abrió nuevas puertas de comunicación que hace pocos años eran impensadas.
El caserío se mantiene prácticamente intacto, salvo por docenas de viviendas levantadas por devotos que eligieron construir allí un refugio para las fiestas religiosas o para descansar en algún fin de semana. Sin embargo, la gran amenaza sigue siendo la misma: el agua. La red local depende de pozos que arrojan líquido con alto contenido salino, lo que limita cultivos, afecta al ganado y condiciona la vida diaria.
Una distancia que pesa
Llegar a Mogna nunca fue sencillo. Desde la capital provincial hay que recorrer unos 130 kilómetros por una Ruta 40 deteriorada en varios tramos. A eso se suman los 32 kilómetros finales por un camino de tierra desde Tucunuco. También existen accesos alternativos –como el paso por Talacasto o por la zona del Salado en Albardón–, aunque con condiciones aún más complejas. El transporte público, por su parte, es casi inexistente: solo ingresa un colectivo a la semana.
La Hermandad que sostiene la fe y el trabajo
En los preparativos de la festividad, la Hermandad de Santa Bárbara cumple un rol fundamental. El grupo, presidido por Roberto Ordines e integrado por colaboradores de larga trayectoria vinculada a la comunidad, destina su tiempo a organizar la novena, recibir a los peregrinos y coordinar mejoras constantes en la infraestructura religiosa.
Este año, el mayor esfuerzo estuvo puesto en la refacción completa de la Casa del Peregrino. El lugar, que se encontraba muy deteriorado, fue renovado en su instalación eléctrica, sus sanitarios y su estructura general. La inversión superó los seis millones de pesos solo en materiales, a lo que se sumó el costo de la mano de obra. Para financiar los trabajos realizaron rifas y actividades solidarias.
La Hermandad también incorporó tanques de agua para recuperar sectores del camping que se habían secado por la falta de suministro, y mantiene activos varios refugios destinados a los visitantes.
Un futuro que se imagina con turismo y más apoyo
Entre los proyectos que impulsan desde la comunidad figura el desarrollo del turismo religioso y rural. Mogna posee atractivos naturales como el Valle Encantado, un paisaje imponente ubicado a pocos kilómetros del pueblo y que hoy solo es frecuentado por caminantes y aventureros.
Aun así, para que esas iniciativas prosperen hace falta algo más que voluntad: se requieren caminos en condiciones, transporte regular, obras de agua, apoyo estatal y políticas sostenidas. Mientras tanto, la fe continúa siendo el motor que sostiene al pueblo, del mismo modo que lo fue hace casi tres siglos.
Este jueves, con miles de promesantes marchando detrás de la imagen de Santa Bárbara, Mogna volverá a demostrar que, aunque pequeña y golpeada por la sequía y la distancia, sigue firme en su propósito de no desaparecer.







