“Da mucha bronca que destruyan todo”: Vecinos de Zonda volverán a subir a reconstruir las grutas vandalizadas en Sierras Azules
La bronca, el dolor y la impotencia atraviesan el testimonio de Luis Cortés, uno de los vecinos que el año pasado encabezó la recuperación de las grutas en Sierras Azules. Lo que había sido un trabajo comunitario, realizado con esfuerzo extremo y profunda devoción, volvió a ser blanco de actos vandálicos: rompieron las estructuras y dañaron las imágenes religiosas que habían sido colocadas con tanto cuidado.
Cortés relató que, junto a un grupo de familiares, amigos y colaboradores, habían reconstruido no solo las grutas que estaban deterioradas, sino que además construyeron una nueva. El proyecto incluyó medidas de protección, como una puerta metálica con candado —aportada por Antonio Tapia— para resguardar las imágenes. Sin embargo, nada de eso alcanzó: “Todo eso han roto”, lamentó.
Entre los elementos dañados se encontraban imágenes muy significativas para la comunidad: la Virgen del Valle y la Virgen de Luján, donadas por José Campillay, y una figura del Cura Brochero, aportada por Damián Rojas. Según explicó, cada pieza fue trasladada con extremo cuidado, envuelta en ropa y protegida durante el arduo ascenso a la montaña para evitar cualquier daño. Todo ese esfuerzo, hoy, quedó arrasado.
El trabajo de reconstrucción no fue sencillo. Implicó subir durante horas —unas cuatro aproximadamente— cargando herramientas, agua, cemento y materiales, muchas veces en condiciones climáticas adversas. “Nos agarraron temporales, lluvias muy fuertes, nos mojamos enteros”, recordó. Aun así, lograron avanzar: primero con un grupo de más de diez personas y luego con apenas cinco, en una tarea que demandó jornadas completas de esfuerzo físico intenso.
Pese al golpe anímico, la decisión está tomada. “No tenemos problema de volver a subir con mula, con agua, con cemento y herramientas para arreglarla otra vez”, afirmó Cortés. La iniciativa, aunque todavía no está formalmente organizada, ya empieza a tomar forma entre quienes participaron anteriormente. La idea es repetir la hazaña solidaria, aun sabiendo el sacrificio que implica.
En ese sentido, el vecino también dejó entrever cierta desilusión por la falta de acompañamiento oficial: según señaló, durante la experiencia anterior no recibieron ayuda de funcionarios, por lo que el sostenimiento del proyecto dependió casi exclusivamente de la comunidad.
Mientras tanto, el compromiso sigue firme. Más allá del daño, los vecinos aseguran que seguirán subiendo, ya sea para reconstruir o simplemente para mantener viva la fe. Porque, como quedó claro en sus palabras, no se trata solo de piedras y cemento, sino de identidad, creencias y un esfuerzo colectivo que, pese a todo, no están dispuestos a abandonar.








