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El silbato verde: la novedad de este Mundial para calmar el dolor

El silbato verde: la novedad de este Mundial para calmar el dolor
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Algarabía y tristeza se presentaron en simultaneo el día que Canadá consiguió su histórica primera victoria en una Copa del Mundo. La goleada 6 a 0 sobre Qatar se vio empañada por una de las imágenes más dolorosas del torneo.

Era de noche en Vancouver y todo estaba destinada para terminar en una fiesta. La selección canadiense conseguía un triunfo histórico en el BC Place, con más de cincuenta mil personas alentando. Transcurría apenas seis minutos del segundo tiempo, cuando el mediocampista Ismaël Koné controló el pase orientando su cuerpo hacia adelante y preparándose para acelerar en una transición ofensiva que lucía prometedora. Pero casi inesperadamente cayó desplomado por la barrida del mediocampista qatarí Assim Madibo, quien desde atrás intentó quitarle la pelota. En esa fracción de segundo, el cuerpo del canadiense quedo sostenido sobre su único pie de apoyo mientras el resto de su cuerpo se balanceaba por la embestida.

El sonido hueco fue consecutivo y la reacción fue inmediata. Los futbolistas más cercanos levantaron los brazos pidiendo la asistencia médica de manera desesperada. El entrenador canadiense Jesse Marsch después del partido describiría la escena: “Pasó justo delante de nosotros. Todos escuchamos el crujido”. Tras inmovilizar la pierna con una férula, los médicos prepararon el traslado y apareció el “silbato verde” que quedará asociada como una de las novedades de la Copa del Mundo.

El fútbol durante el siglo XXI fue cambiando drásticamente y hoy es una industria obsesionada con el rendimiento. Los clubes y selecciones monitorean desde el sueño y la temperatura de sus futbolistas hasta los miles de datos que aportan durante el entrenamiento. Se analizan perfiles genéticos, se cuantifican cargas externas e internas y se desarrollan algoritmos capaces de anticipar riesgos de lesión. Pero cuando finalmente algo en esa maquinaria falla y el cuerpo se rompe nos damos cuenta que, más allá de toda la ciencia, los cuerpos de los futbolistas siguen siendo materia vulnerable.

El filósofo francés Paul Ricoeur sostenía que la fragilidad es una condición constitutiva de la experiencia humana. Afirmaba en pleno siglo XX que los seres humanos podremos construir instituciones, conocimientos y tecnologías extraordinarias, pero continuaremos habitando cuerpos perennes.

Así también apareció el pequeño silbato verde que todavía no está a la venta en la Argentina pero no tardará en aparecer y cuya función no está destinada a mejorar la velocidad ni optimizar la recuperación, sino algo tan elemental como disminuir el sufrimiento.

La imagen de Ismaël Koné, retirado en camilla con un green whistle en la boca, quedará como una de las innovaciones que la mayoría de los espectadores identifican con las Copas del Mundo. Así como aparecieron el VAR y los sensores en la pelota.

El silbato verde, un analgésico de emergencia llamado Penthrox (cuyo compuesto activo es el metoxiflurano), prontamente se extenderá en los campos de juegos del mundo. El alivio del dolor inmediato en eventos traumáticos es clave, porque permite estabilizar al futbolista y controlar el shock general. A diferencia de las pastillas que tardan en hacer efecto porque tienen que metabolizarse en el tracto digestivo, el Penthrox entra directamente al cuerpo por los miles de diminutos vasos sanguíneos de los pulmones, donde se intercambian O2 y dióxido de carbono. Una vez dentro, en cuestión de segundos transportado por la sangre llega al cerebro. Al ser una sustancia muy soluble en grasas (lipofílica), cruza sin problemas la barrera hematoencefálica y altera la comunicación neuronal del Sistema Nervioso Central potenciando los inhibidores (GABA) y cerrando los canales iónicos que envían el mensaje doloroso. De esa forma, sin dormir al paciente, el dolor agudo se transforma en una molestia sorda y más tolerable. Entre seis a diez inhalaciones profundas son suficientes para controlar el caos.

Hubo un tiempo donde veíamos futbolistas retirados en camilla con la cara desfigurada del dolor y que llegaban al llanto. Verlo a Koné, plenamente consciente y con la calma suficiente para levantar la mano y saludar a la gente, no tiene precio.

Horas después llegaría la confirmación médica de la lesión que todos suponíamos. La fractura de tibia y peroné de la pierna izquierda deja al canadiense fuera de competencia por varios meses y la imagen de su caída terminó siendo más comentada que la victoria de su país sobre Qatar, porque nos recordó brutalmente que más allá de los avances de la ciencia, el deporte sigue siendo una actividad humana desarrollada por cuerpos vulnerables.

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