Un 5 atípico, con marca y elegancia

En la historia del fútbol argentino hay, al menos, dos tradiciones en torno a la figura del número 5. De un lado, jugadores como el Tolo Gallego (el mejor que vi en ese puesto), o Matías Almeyda, o Astrada, o Chicho Serna, o el Chapa Suñé, por mencionar un clásico, entre muchos otros. Es decir, un 5 posicional, de marca, de garra, que quita y toca corto al 8 o al jugador más cercano que tenga, que se mete entre los centrales, que raspa y pega cuando hay que pegar, que no patea tiros libres y que, pese a ser posicional, como un limpiaparabrisas, ocasionalmente ondula hacia los costados si hace falta cubrir los laterales.
Del otro lado, la otra línea (de la que nunca me gustaron ese tipo de jugadores) con 5 como Redondo, Gago, Galetto, entre otros. O sea, un 5 que, partiendo de su posición, se mueve con elegancia, funciona un poco como el organizador del equipo, de vez en cuando mete un gol, da pases más largos que al jugador más cercano, puede gambetear un poco, y no marca demasiado ni se mete entre los centrales.
Un ex periodista deportivo, que supo ser vocero de Menem y desde ese cargo anunciar los indultos a Videla y demás genocidas, dijo una vez que Redondo era el único jugador que no pisaba ninguna de las dos áreas. Creo que es la mejor frase que dijo en su carrera profesional, aunque, para muchos, Redondo y ese tipo de 5 es sinónimo de jerarquía.
Pues bien: la originalidad de Paredes reside en pertenecer a ambas tradiciones a la vez. Lo viene demostrando en Boca y lo volvió a poner en escena el martes con Argentina frente a Egipto. Paredes marca, raspa, retrocede hasta el borde de su área (como el quite proverbial que recibió tantos aplausos como un gol), es posicional, y tiene voz de mando. Pero, al mismo tiempo, sin contradicción alguna, tiene un guante en su pie, juega bien en corto y en largo, patea tiros libres desde los costados y corners como nadie en la selección (salvo Messi, claro) y es de una elegancia natural. No es muy común ver un jugador así. Por supuesto que casi no hace goles. Si los hiciera ya estaríamos hablando de uno de los grandes del futbol mundial y no de lo que es, un muy buen número 5.
Entre tanto, Argentina llega al partido de esta noche, por cuartos de final, sin haber jugado contra ningún equipo de jerarquía (Suiza tampoco lo tiene). Así que si costó tanto los últimos partidos (en verdad casi todos, porque contra Austria también se sufrió) es porque la selección viene jugando mal. Salvo Messi, en plan goleador formidable, que les saca años luz a sus compañeros, el equipo sigue sin aparecer. Sobre todo atrás: Cabo Verde y Egipto le hicieron 2. Emiliano Martínez no transmite la seguridad de siempre, los laterales hacen agua, Licha Martínez perdió la marca en los dos goles de Egipto, y solo Cuti Romero transmitió garantía. Ese fixture relativamente sencillo puede depositarla en las semifinales. Pero la selección tiene que mejorar mucho. ¿Lo hará? Ojalá.
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