León XIV, Argentina y un viaje con señales políticas del legado de Francisco
Finalmente el Papa visitará la Argentina. No es el ansiado viaje apostólico que durante 12 años se esperó que realizara Francisco. Será tarea de su sucesor, León XIV, saciar la expectativa de los fieles y, por qué no, de los políticos argentinos.
León XIV encarará una visita breve al país –serán menos de cuatro días- y en medio de una gira mayor que lo llevará primero a Uruguay y luego a Perú, su segunda patria, donde será la escala más larga del viaje pastoral.
No es menor la disposición del orden de los países que recorrerá. La peculiar inclusión de Uruguay, orgullosamente considerada la nación más laica de América Latina, y el final en la tierra donde Robert Prevost realizó el grueso de su trabajo misionero y eclesiástico. En medio Argentina, casi como si fuera un paso circunstancial entre dos destinos, como una manera de alivianar el peso que indudablemente tendrá llegar a la casa de Francisco a poco más de un año de su muerte.
La agenda heredada de Francisco que retomó León XIV
Las razones sobre por qué el primer papa argentino jamás regresó al país han sido ampliamente debatidas y no importan cuántos argumentos se esgrimieran la respuesta final y contundente siempre fue una: la política. En el país de la grieta, ni la astucia ni la delicadeza de Francisco hubieran alcanzado para no ser una pieza más de batalla ideológica. Sus palabras, sus gestos, hubieran sido analizados bajo la óptica de triunfo y derrota de ambos bandos por igual. El problema de las metáforas es su libre interpretación.
Es cierto que León XIV tiene un carácter y una mirada propia del mundo. Tanto como lo es que no fue casual su designación como prefecto del Dicasterio para los Obispos (uno alto cargo en la Curia romana) durante el papado de Francisco. Bergoglio, estratega siempre, se ocupó los últimos años de su gestión en moldear un Vaticano cercano a su visión de la misión que la Iglesia católica debe emprender. Fue una tarea resistida por los sectores conservadores e inconclusa, pero con bases sólidas. De allí la elección de su sucesor. Los puntos de encuentro entre Prevost y el difunto papa argentino son considerablemente más que las diferencias.
La sintonía conceptual entre los dos papas es incuestionable. La primera señal importante de la intención de León XIV de visitar la Argentina recogió la herencia de Francisco de su discurso franco contra la economía de mercado y la desigualdad. «Quienes gozan de abundancia material deben evitar cuidadosamente perjudicar en lo más mínimo el sustento de los menos favorecidos, el cual – aunque modesto – se debe considerar sagrado, precisamente porque constituye el sostén indispensable de su existencia», instó a los empresarios a través de una carta enviada a la 31° Conferencia Anual de la Unión Industrial Argentina (UIA) en noviembre pasado.
El Papa, que ha dedicado su primer año de pontificado a cumplir muchos viajes planeados por Francisco y que su frágil salud no le permitió realizar, ha sostenido además la mayor de las revoluciones que Bergoglio impuso en el Vaticano. Esto es, no ocultar el rol político de la Iglesia católica y de sus mensajes. Y lo ha hecho nada más ni nada menos que enfrentando al presidente de EEUU, Donald Trump, al asegurar que no le tenía miedo y que seguiría denunciando los errores de su gobierno. «No le tengo miedo a la administración Trump, ni a proclamar en voz alta el mensaje del Evangelio, que es para lo que creo que estoy aquí, para lo que la Iglesia está aquí», declaró a en medio de la guerra contra Irán.
Otro gesto de continuidad, con especial simbolismo para los fieles argentinos y sobre el que se espera haya avances durante el viaje pastoral de noviembre, es el proceso de beatificación del empresario Enrique Shaw, iniciado por Francisco y que León XIV ha impulsado.
Por ello es esperable que en los multitudinarios encuentros de Buenos Aires, Córdoba y Luján oigamos el mensaje de Francisco en la voz de León XIV. Aquellas críticas y también invitaciones que Bergoglio guardó llegarán en una forma menos conflictiva de la mano de su sucesor, sin tanto que perder dentro de la efervescente política local.
La Iglesia argentina, una de las voces más críticas frente a la situación económica actual y a la retórica radicalizada del Gobierno, ya dio señales de que, aunque León XIV llegará con su impronta, tendrá la oportunidad de decir lo que Francisco no pudo. “¿Qué haremos con todo lo que el Papa nos deje?”, planteó como desafío temprano el arzobispo Jorge García Cuerva.
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