10 terremotos de Latinoamérica que terminaron en tragedia en toda la historia
Los 10 terremotos más mortales de la historia que sacudieron a Latinoamérica
Haití – 2010
El 12 de enero de 2010, un terremoto de magnitud 7,0 golpeó Haití y tuvo su epicentro a unos 25 kilómetros al suroeste de Puerto Príncipe. El foco se encontraba aproximadamente a 13 kilómetros de profundidad, una condición que hizo que las ondas sísmicas llegaran con enorme intensidad a la superficie.
Distintos estudios del Servicio Geológico de Estados Unidos, junto con informes de las autoridades haitianas, estiman entre 222.570 y 316.000 muertes totales. A su vez más de 300.000 personas sufrieron lesiones y alrededor de 1.5 millones de ciudadanos se quedaron sin hogar.
La capital, Léogâne, Jacmel y Gressier quedaron en el centro de la catástrofe. El sismo colapsó más de 250.000 residencias y unos 30.000 edificios comerciales. El Palacio Nacional de Haití y la Catedral de Puerto Príncipe se derrumbaron parcialmente
Ecuador y Colombia – 1868
La catástrofe se generó por dos sismos ocurridos entre el 15 y 16 de agosto de 1868 en la zona fronteriza andina. Las magnitudes estimadas variaron entre 6,3 y 7,7.
Como ocurrieron antes de que existieran instrumentos capaces de medir con precisión, las reconstrucciones históricas estiman cerca de 70.000 muertes en ambos países.
La destrucción masiva se concentró en el norte de Ecuador y el suroeste colombiano debido al colapso total de viviendas construidas con materiales tradicionales pesados, lo que dejó bajo los escombros a las familias mientras dormían.
Entre las ciudades más afectadas se encuentra Ibarra, Ecuador, que fue el epicentro del segundo terremoto. Se estima que murieron 5.000 habitantes de 7.200 totales. El desastre obligó a los sobrevivientes a evacuar la zona por cuatro años en un evento histórico recordado como «El Retorno».
Se suman Otavalo, donde se reportaron 6.000 fallecidos, El Ángel y Concepción, Ecuador.
Perú – 1970
El 31 de mayo de 1970, un terremoto de magnitud 7,9 sacudió la costa y la zona andina de Perú. El movimiento tuvo consecuencias especialmente graves en el departamento de Áncash, donde las vibraciones desestabilizaron grandes masas de roca, hielo y nieve en el Huascarán, la montaña más alta del país.
El desprendimiento avanzó desde una altura de entre 5.500 y 6.400 metros y recorrió unos 14,5 kilómetros hasta alcanzar Yungay y Ranrahirca, con velocidades estimadas de entre 280 y 335 kilómetros por hora. La avalancha movilizó entre 50 y 100 millones de metros cúbicos de roca, hielo, nieve y tierra.
El balance total fue de 66.794 muertos, mientras que casi un millón de personas quedaron sin vivienda. En Yungay, unas 19.000 personas murieron y solo 2.500 lograron sobrevivir. La masa de escombros cubrió sectores de las localidades con varios metros de material y también provocó daños en rutas, puentes, canales y otras infraestructuras.
El terremoto afectó una superficie cercana a los 65.000 kilómetros cuadrados. Los deslizamientos bloquearon temporalmente cursos de agua y una corriente de barro llegó a desplazarse por el valle del río Santa hasta alcanzar el océano.
Ecuador – 1797
El 4 de febrero de 1797, un terremoto de magnitud estimada entre 7,6 y 8,3 golpeó la región andina de Ecuador.
Debido a que ocurrió en el siglo XVIII, no existe una medición instrumental precisa de su profundidad. Las reconstrucciones realizadas a partir de documentos históricos sitúan la intensidad en niveles extremos, con estimaciones que llegaron hasta XI en la escala de Mercalli.
El sismo destruyó Riobamba y provocó graves daños en otras ciudades y poblaciones de la región interandina, entre ellas Quito, Latacunga y Ambato. Las estimaciones reportan entre 6.000 y 40.000 muertes.
Chile – 1939
El 24 de enero de 1939, un terremoto de magnitud estimada en 8,3 sacudió la zona centro-sur de Chile y tuvo su mayor impacto en Chillán y otras localidades de la región del Biobío.
El movimiento ocurrió durante la noche y provocó el derrumbe de una gran cantidad de viviendas. Las construcciones de adobe y otros materiales poco resistentes no estaban preparadas para un sismo, lo que aumentó considerablemente el número de víctimas.
El balance utilizado para este desastre alcanza los 30.000 muertos, aunque existen estimaciones posteriores que ubican la cifra en torno a 28.000 fallecidos. También se registraron alrededor de 40.000 heridos.
El foco del terremoto se ubicó en la zona de Quirihue, mientras que Chillán quedó prácticamente destruida. Concepción también sufrió graves daños y muchas construcciones colapsaron. Algunas estimaciones sitúan la profundidad entre aproximadamente 60 y 100 kilómetros.
Venezuela – 1812
El 26 de marzo de 1812, un terremoto de magnitud estimada en 7,7 llegó a Venezuela. El desastre se produjo durante la guerra de independencia, lo que complicó la respuesta ante la emergencia.
Las reconstrucciones históricas indican que el episodio pudo estar compuesto por varios movimientos sísmicos muy próximos entre sí. Una de las estimaciones más utilizadas ubica el foco a unos 33 kilómetros de profundidad.
Caracas, La Guaira, Barquisimeto, San Felipe y Mérida estuvieron entre las zonas más afectadas. En la capital, cerca del 90% de las construcciones resultaron destruidas o gravemente dañadas.
Reuters utiliza una estimación de 26.000 muertos, mientras que estudios históricos y registros posteriores ubican el número en torno a 15.000 o 20.000 fallecidos.
Arica – 1868
El 13 de agosto de 1868, un terremoto de magnitud estimada en 8,5 golpeó la ciudad de Arica, que en ese momento formaba parte de Perú y actualmente pertenece a Chile. El movimiento provocó una destrucción importante en Arequipa, Moquegua, Mollendo e Ilo.
El evento se originó frente a la costa y generó un tsunami. Las olas golpearon diferentes localidades del litoral peruano y luego atravesaron el Pacífico, donde fueron registradas en lugares tan alejados como Hawái y Nueva Zelanda.
El número de víctimas se estima en alrededor de 25.000 personas.
Guatemala – 1976
El 4 de febrero de 1976, a las 3:01 de la madrugada, un terremoto de magnitud 7,5 sacudió Guatemala. El movimiento se produjo por el desplazamiento de la falla de Motagua y fue sentido sobre una superficie de al menos 100.000 kilómetros cuadrados.
La ruptura alcanzó unos 230 kilómetros de longitud y produjo más de 10.000 desplazamientos horizontales en un superficie aproximada de 16.000 metros cuadrados.
El terremoto destruyó miles de viviendas, especialmente aquellas construidas con adobe, y provocó graves daños en Ciudad de Guatemala y numerosas localidades de las zonas montañosas.
El balance alcanza 23.000 muertos, mientras que el USGS documentó más de 22.700 fallecidos y más de 76.000 heridos. Cerca de 1,2 millones de personas quedaron sin hogar.
Venezuela – 1797
El 21 de octubre de 1797, un fuerte terremoto golpeó Cumaná y otras zonas del oriente de Venezuela, provocando una destrucción generalizada en la región.
Como ocurrió antes de la existencia de redes sismológicas, no se dispone de una magnitud ni de una profundidad determinadas con instrumentos modernos. El número de víctimas fatales alcanza las 16.000.
Cumaná y las poblaciones cercanas a la bahía de Cariaco estuvieron entre las áreas más afectadas.
Los testimonios recopilados describieron fuertes ruidos subterráneos, movimientos violentos y fenómenos interpretados entonces como llamas o emisiones provenientes del suelo.
Argentina – 1861
El 20 de marzo de 1861, cerca de la medianoche, un terremoto de magnitud estimada en 7,2 sacudió la provincia de Mendoza y destruyó gran parte de la ciudad.
El foco habría estado a unos 30 kilómetros de profundidad, aunque otras reconstrucciones históricas ubican el hipocentro a una profundidad menor. El movimiento alcanzó una intensidad aproximada de IX a X en la escala de Mercalli.
Entre los edificios que colapsaron estuvo la Basílica de San Francisco, además de numerosas viviendas y construcciones públicas. Muchas personas quedaron atrapadas entre los escombros de sus casas. Los registros históricos estiman unas 14.000 muertes.
A los derrumbes se sumaron incendios que se extendieron durante varios días. Las lámparas y sistemas de iluminación utilizados en ese momento contribuyeron a iniciar focos de fuego entre las ruinas.
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