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El tablero de 2027 empieza a tomar color

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El Monitor del Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la UBA reflejó en sus datos de julio dos elementos interesantes al respecto. En primer lugar, que el 61% de los consultados quiere un cambio de Gobierno. Pero también que, mientras el voto de Massa en el balotaje de 2023 se mantiene firme en la oposición, hay una merma de respaldos al oficialismo entre quienes eligieron a Milei: un 30% de ellos quiere ahora un cambio de Gobierno.

Monitor del Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la UBA

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El segundo eje es que Milei sigue liderando en intención de voto con 34%, mientras Mauricio Macri conserva un 7%. El precio del expresidente es, por lo tanto, más alto que ese guarismo: puede tener la llave para evitar una segunda vuelta. Y, cruzado con el dato anterior, un balotaje hoy es una lotería para LLA.

El mismo trabajo divide al peronismo entre kirchnerista, con 21%, y no kirchnerista, con 15%. Es decir, la unidad también asoma como inevitable si el PJ quiere ser competitivo. Son algunos de los datos que no desconocen quienes aceptaron sentarse esta semana en la misma mesa.

Monitor del Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la UBA

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Para el PRO, la misión es retener la Ciudad. Es el objetivo central. En fase de retracción, el partido de Macri reconoce que para sobrevivir necesita blindar su casa matriz. Tampoco asoman otras gestas por delante. Con lo cual, CABA es al mismo tiempo objetivo de mínima y de máxima.

Por eso, descontada una alianza en Provincia, se trata de consensuar una ayuda mutua: que el PRO no parta el voto nacional y que los libertarios abandonen su fantasía de arrebatarle CABA al macrismo. Al fin y al cabo, el desdoblamiento inconsulto de 2025 y la contratación de un asesor catalán no grato para Milei ya no parecen pecados tan graves. Así como LLA empieza a aceptar que se puede negociar sin gobernadores propios y que más vale contar con su apoyo en otras batallas, la misma lógica puede aplicarse al jefe de Gobierno porteño.

Como problema tácito, emerge Patricia Bullrich. Ya se comentó que el Ejecutivo hizo poco para evitar la derrota en el Congreso, una forma de exponer a su jefa de bloque en medio de la interna con Karina Milei. Ahora, el llamado entre esta última y Mauricio Macri es también una señal dirigida a la exministra. Si algo comparten ambos es el recelo hacia Bullrich.

Dinamitada la eventual candidatura de Manuel Adorni tras el sainete del exfuncionario, un acuerdo en el que los violetas apoyen la reelección de Jorge Macri pulverizaría los deseos de la senadora de conquistar la jefatura porteña. “Si Patricia fuera la cara de LLA en la Ciudad tendría grandes chances de ganar. Pero a su vez queda posicionada para 2031, que es lo que no quieren los hermanos Milei”, mencionó un dirigente al tanto de las negociaciones. “Tener vida y volumen propio es un activo político, pero también es un problema”, agregó, en relación con la autonomía de la senadora.

De yapa, hay quienes le susurran a Milei que descarte la opción de proponerla como vice: “Te estás comprando a la próxima Villarruel”. La encerrona para Bullrich podría empujarla a romper con los violetas, aunque quienes conocen los tiempos esperan que eso ocurra recién en el primer semestre de 2028. “Ahora está muy pegada”, mencionaron.

Los armadores del PRO también monitorean la situación económica. No creen que haya un repunte significativo en el nivel de vida de las clases medias y trabajadoras. En especial porque el propio Milei despejó dudas y se ató al mástil: no oirá los cantos de sirena que le sugieren volcar más dinero en la calle y, como idealista, sostendrá el modelo apalancado en el equilibrio fiscal. Una motosierra que no aflojará, menos aún si la recaudación tampoco levanta.

Así, en el PRO suponen que los violetas no estarán en condiciones de negociar como en 2025. Esperan esta vez imponer las condiciones en la Ciudad, más allá de que se pueda discutir el nombre de la alianza y hasta el color.

Las PASO cambian de dueño

En la mesa política del Gobierno del martes —donde no faltaron los inevitables pases de factura, en especial a Federico Sturzenegger por ser el ideólogo de las iniciativas que más dolores le traen al oficialismo— hubo una novedad. Al menos en el orden de las tesis: hay quienes creen que la reforma política puede ponerse en el freezer. Lentamente, como quien no quiere la cosa. Que se trabe. Que pase al olvido.

¿Por qué? Para empezar por lo obvio: detrás de los fines nobles hay una especulación electoral. Y LLA solo impulsará aquello que le sirva estratégicamente. Ahora bien, si se pueden convidar milanesas a Macri para que siga sentado a la mesa y si el peronismo continúa dando señales de unidad, como la cumbre de La Rioja o el encuentro mencionado al comienzo de esta nota, ¿le sigue sirviendo a Milei eliminar las PASO?

La idea de exterminarlas estaba orientada a atomizar al PJ y obligar al PRO a jugar la nacional bajo la lapicera de Karina. Si eso no ocurre, hay quienes aseguran en el oficialismo que una primaria puede ser lo mejor que le pase a Milei.

En ese escenario, una interna abierta peronista sería un camino allanado para Axel Kicillof, mientras que una interna cerrada podría catapultar a un dirigente todavía en las sombras, avalado por Cristina Kirchner, que cumpla con ciertos requisitos que demanda la sociedad: alguien nuevo, sin pasado, que sostenga algunas variables del rumbo pero que ofrezca la esperanza de un futuro más amigable para quienes cobran un sueldo o tienen una pyme, por caso. No está claro si esa persona existe. Pero podría existir. «Un peronista de saco y corbata», aventuran algunos compañeros.

Algunas cabezas libertarias creen que el mejor rival para Milei sería Kicillof. Le permitiría polarizar con facilidad y mantener también durante la campaña la lógica maniquea del amigo-enemigo.

El peronismo, en cambio, busca sostener las PASO para evitar la sangre derramada de una interna. Con ese objetivo fue la cumbre convocada por los jefes de las bancadas en el Congreso, Germán Martínez, en Diputados, y José Mayans, en el Senado. Además de Kicillof, Máximo y Massa, participaron los gobernadores Sergio Ziliotto (La Pampa), Gustavo Melella (Tierra del Fuego), Ricardo Quintela (La Rioja), Gildo Insfrán (Formosa) y el senador santiagueño Gerardo Zamora.

“Milei tiene como único objetivo la reelección. Y está dispuesto a todo en función de eso. Todos los presentes coincidimos en la importancia de sostener las PASO como instrumento para generar una propuesta electoral amplia y potente”, dijo a Ámbito uno de los presentes.

Todas las tribus destacaron el “buen clima” y esta vez lograron mantener un discurso uniforme: que se trató solo de las PASO. “Los que apoyen la eliminación o suspensión de las PASO se van a tener que hacer cargo de ayudar a Milei a tener cuatro años más de este infierno para la gente”, se dijo.

Pero, como también se sabe, en una reunión peronista no solo se habla de ideas. También se habla del reparto de poder.

El mensaje que le hicieron llegar a Kicillof es que, en un movimiento amplio, el espacio que se queda con el candidato a Presidente no puede poner también al candidato a gobernador bonaerense. El mandatario buscará la excepción, porque necesita el compromiso de su potencial sucesor para garantizar una militancia activa detrás de su eventual postulación presidencial. Más todavía en tiempos de interna caliente, por más que dejen trascender picada y “buen clima”.

“Cristina fue de vice en 2019 para poder poner al gobernador”, chicanearon desde el Instituto Patria. Y recordaron que en 2007 “Néstor la puso a Cristina pero debió ceder la gobernación a Daniel”.

Daniel es Scioli, hoy funcionario de Milei. LLA lo está midiendo como candidato para que vuelva a La Plata. Un lugar que parecía reservado para Diego Santilli, aunque el jefe de Gabinete de alguna manera ató esa posibilidad a la suerte de la gestión al aceptar su cargo. Al “Colo” también lo encuestaron en CABA, pero con fines más orientados a la interna libertaria.

Asimismo, con los coletazos que el modelo Milei genera en el conurbano —acaso la región del país más afectada por la crisis de la industria y la baja del consumo—, los libertarios reconocen que en PBA la tienen difícil.

Hasta un hombre del PRO que integra la mesa chica señaló no solo esas dificultades, sino que la provincia de Buenos Aires puede resultar “ingobernable” para los violetas. “Uno de nuestros problemas fue tener la ‘triple corona’ —CABA, Provincia y Nación—, porque todos los problemas estallan en el conurbano, y a veces es mejor que lo gestione el peronismo”, se sinceró.

Así como la conveniencia de eliminar las PASO se puso en duda en los cuarteles de invierno libertarios, también miran con cierto temor la posibilidad de administrar los pagos indómitos del Gran Buenos Aires. Bajo el improbable caso de ganar una elección, claro.

La avenida del medio

Entre tanto, las opciones de centro vuelven a sonar. Un trabajo de La Sastrería llega a conclusiones similares al monitor de la UBA: un tercio de los votantes de Milei está arrepentido de su voto en el balotaje, pero no piensa adherir al PJ.

El mismo estudio revela que el PJ lidera en intención de voto con 29%, pero el segundo sería “ninguno”, con 23%. Tercero aparece Milei, con 22%.

Daniel Hadad se lanzó en estos días. Con un despliegue de poder inusitado de jueces, empresarios, gremialistas y políticos en la Facultad de Derecho con la excusa de un cortometraje hecho con IA, demostró que mas que un outsider es el más “insider” de los que se asoman

Hay quienes creen que el empresario de medios, dueño de Infobae, puede convertirse en una especie de Silvio Berlusconi criollo. El italiano, antes de ser primer ministro en 1994, ya había construido un enorme imperio televisivo alrededor de Mediaset y Fininvest. En rigor, hubo otro italiano dueño de un periódico que también llegó al poder. Pero cualquier comparación sería exagerada.

Por lo pronto, tanto al peronismo como a LLA les conviene polarizar la campaña y dejar sin oxígeno a las opciones del medio. No solo porque ambos necesitan reunir sus propias tribus. También porque cada uno encuentra en el otro al adversario que mejor ordena su discurso.

Un consultor político lo resumió ante este medio: “En un escenario en el que dos contrincantes se alimentan de la grieta, la avenida del medio no es para pasivos, es para activos”.

Es decir, descarta el surgimiento exitoso de un moderado que simplemente pretenda transitar ese camino. “La gente no es receptiva a alguien que lo ponen arriba, va a ser sensible a quien la movilice. Ni al pasado, ni al presente; pero gritando y siendo disruptivo”, concluyó.

La paradoja es que, mientras se preparan para derrotarse, Milei y el peronismo empiezan a necesitarse. Cada uno necesita ordenar a los propios. Pero también necesita que enfrente esté el otro. Y, por ahora, esa necesidad compartida deja poco espacio para cualquiera que intente caminar por el medio.

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