Adolescencia y prevención: la importancia de desarrollar herramientas para afrontar las crisis
El psiquiatra Demián Rodante remarcó la importancia de capacitar a los equipos de salud, fortalecer la prevención y abordar la conducta suicida como una problemática que requiere compromiso social.
La prevención del suicidio constituye un desafío de salud pública que requiere estrategias de detección temprana, acompañamiento y participación de distintos sectores de la sociedad. En este marco, septiembre es considerado el mes de concientización y prevención, con el objetivo de fortalecer las herramientas destinadas a identificar situaciones de riesgo y promover el acceso oportuno a la atención.
En San Juan, el pasado 10 de septiembre, en el marco del Día Mundial de la Prevención del Suicidio, se realizó en el Centro de Convenciones la jornada de actualización “De la esperanza a la acción colectiva”, organizada bajo la supervisión de la Dirección de Salud Mental del Ministerio de Salud.
La actividad reunió a representantes de diferentes sectores vinculados con la prevención y el abordaje de esta problemática. Entre los especialistas que participaron estuvo el doctor Demián Rodante, docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y profesor adjunto de la Universidad Favaloro, médico psiquiatra especializado en prevención, investigación y abordaje clínico de la conducta suicida.
La detección temprana como herramienta de prevención
Durante su exposición, Rodante analizó la situación a nivel internacional y nacional y señaló la importancia de mejorar la identificación de situaciones de riesgo, tanto desde el sistema de salud como desde otros ámbitos de la comunidad.
El especialista destacó que la prevención requiere capacitación, registros adecuados y herramientas de intervención temprana, de manera que las personas que atraviesan situaciones de sufrimiento emocional puedan recibir acompañamiento y atención profesional.
En relación con Argentina, también remarcó la importancia de contar con información estadística confiable que permita conocer la dimensión de la problemática y contribuir al diseño de políticas públicas de prevención.
Una problemática con múltiples factores
Rodante explicó que la conducta suicida no responde a una única causa. En su análisis mencionó diferentes factores que pueden incrementar la vulnerabilidad de una persona, entre ellos situaciones socioeconómicas adversas, dificultades habitacionales, obstáculos para acceder a servicios de salud mental, experiencias de acoso escolar y determinados usos de las redes sociales.
En este sentido, señaló que la problemática puede atravesar distintos contextos sociales y que no necesariamente existe un diagnóstico previo de salud mental.
Por este motivo, consideró fundamental fortalecer la capacitación de los equipos de salud y promover herramientas de prevención desde edades tempranas, especialmente en ámbitos como las escuelas.
La importancia de escuchar y acompañar
Otro de los ejes planteados durante la jornada fue la necesidad de evitar prejuicios y juicios de valor sobre las personas que atraviesan una situación de crisis.
Desde esta perspectiva, el abordaje debe centrarse en comprender el sufrimiento, ofrecer escucha y facilitar el acceso a ayuda profesional. La prevención implica que familiares, docentes, trabajadores de la salud y otros integrantes de la comunidad puedan reconocer señales de alerta y saber cómo actuar de manera adecuada.
Salud mental y prevención
Rodante también se refirió a la relación entre depresión y conducta suicida. Si bien la depresión puede constituir un factor de riesgo, explicó que no todas las personas que atraviesan una conducta suicida cuentan con un diagnóstico psiquiátrico previo.
Por ello, destacó la importancia de no esperar necesariamente la aparición de signos evidentes de depresión para prestar atención al malestar emocional. Ante una preocupación concreta, resulta importante generar un espacio de escucha, preguntar de manera directa y respetuosa y recurrir a profesionales de salud mental.
La prevención, en este sentido, requiere una mirada integral que combine detección temprana, capacitación, acompañamiento y acceso oportuno a la atención, entendiendo que se trata de una problemática que involucra al sistema sanitario y a la sociedad en su conjunto.
La adolescencia y la juventud son etapas atravesadas por cambios personales, sociales y emocionales que pueden generar diferentes situaciones de crisis. En este contexto, el especialista Demián Rodante puso el foco en la necesidad de fortalecer las herramientas que permitan afrontar las frustraciones, las emociones intensas y aquellos procesos que requieren tiempo.
Durante su exposición, Rodante señaló que los adolescentes y jóvenes reciben actualmente numerosos mensajes sociales vinculados con la necesidad de alcanzar el éxito y obtener resultados inmediatos. Frente a estas exigencias, consideró importante promover habilidades que permitan transitar las dificultades sin perder de vista otras alternativas y recursos disponibles.
El especialista explicó que emociones como el miedo, la vergüenza, la culpa o la tristeza pueden afectar la manera en que una persona percibe las opciones disponibles frente a una situación de malestar. En este sentido, destacó que aprender a reconocer y regular las propias emociones puede contribuir a una mejor toma de decisiones y al desarrollo de recursos para afrontar situaciones complejas.
La prevención requiere participación de toda la comunidad
Uno de los principales ejes de la jornada fue la necesidad de ampliar la prevención más allá de los especialistas en salud mental. Rodante planteó que la capacitación debe alcanzar a diferentes sectores de la comunidad que mantienen contacto cotidiano con adolescentes y jóvenes.
Entre ellos mencionó a madres y padres, docentes, preceptores, pediatras, médicos de familia, profesionales de salud mental, organizaciones sociales y medios de comunicación.
Desde esta perspectiva, la prevención requiere que distintos actores conozcan cómo reconocer señales de alerta, cómo generar espacios de escucha y cuáles son los pasos adecuados para acompañar a una persona que atraviesa una situación de riesgo.
Detección temprana desde los controles de salud
Otro de los aspectos destacados fue la incorporación de herramientas de detección temprana en los controles habituales de salud.
Rodante sostuvo que la identificación de situaciones de riesgo no debe quedar exclusivamente en manos de especialistas en salud mental. En ese sentido, consideró que profesionales que atienden a niños, adolescentes y jóvenes también pueden incorporar preguntas relacionadas con el bienestar emocional y la conducta suicida dentro de sus evaluaciones, siempre de manera responsable y acorde a la edad.
Estas herramientas forman parte de un abordaje preventivo que busca detectar situaciones de riesgo de manera temprana y facilitar el acceso a la atención y al acompañamiento correspondiente.
El acompañamiento como herramienta de prevención
Durante la jornada también se remarcó que atravesar pensamientos suicidas no constituye por sí mismo un diagnóstico psiquiátrico y que las situaciones de riesgo pueden presentarse en personas con diferentes historias y circunstancias.
Por ello, el abordaje debe centrarse en la evaluación profesional de cada situación y en la construcción de redes de apoyo. Rodante señaló además que las intervenciones preventivas no necesariamente implican una hospitalización: según el nivel de riesgo y las características de cada caso, existen estrategias de atención ambulatoria, mientras que la internación puede indicarse cuando los profesionales consideran que es necesaria para garantizar la seguridad de la persona.
Convertir la prevención en una acción colectiva
La Jornada de Actualización «De la esperanza a la acción colectiva», realizada en San Juan, tuvo entre sus objetivos fortalecer los conocimientos y herramientas de quienes intervienen en la prevención.
El eje planteado por los especialistas apunta a fortalecer una red de detección temprana, escucha, acompañamiento y acceso a atención profesional, con participación de los distintos ámbitos de la comunidad.
En este marco, la prevención se plantea como una tarea compartida: reconocer señales de alerta, tomar en serio las situaciones de sufrimiento y facilitar el acceso a ayuda puede contribuir a evitar que una persona atraviese una crisis en soledad.






