La minería abre una nueva etapa: viviendas, empleo y servicios serán claves para el crecimiento que viene
San Juan quedó ubicada junto a Neuquén y Río Negro entre las pocas provincias que lograron aumentar el empleo privado formal en un contexto nacional de recuperación desigual. Pero detrás de ese dato hay una transformación de mayor profundidad: la minería metalífera está entrando en una etapa en la que grandes inversiones pueden modificar durante la próxima década no solamente la producción, sino también el mercado laboral, la construcción, el comercio, los servicios y la demanda habitacional. Actualmente, el empleo minero formal supera los 5.500 puestos y creció 8,4% interanual, mientras los principales proyectos avanzan hacia etapas de construcción y producción.
La magnitud de lo que viene permite dimensionar el cambio. Vicuña, que integra Josemaría y Filo del Sol, contempla unos US$18.000 millones de inversión durante los primeros diez años y prevé alcanzar una primera producción de cobre en 2030. En su etapa de construcción podría demandar alrededor de 12.000 empleos directos, mientras que durante la operación se proyectan unos 5.000 puestos directos y 19.000 indirectos. Los Azules, por su parte, tiene una inversión comprometida de unos US$2.672 millones y apunta a comenzar la construcción en 2027 y producir en 2030, mientras Nuevo Gualcamayo y la ampliación de Veladero agregan nuevos desembolsos y actividad. En total, los cuatro proyectos mineros que ya ingresaron al RIGI representan más de US$13.000 millones de inversión comprometida.
El efecto ya empieza a sentirse fuera de los yacimientos. La actividad demanda viviendas para trabajadores y familias, alquileres, oficinas para empresas, terrenos, depósitos, transporte, gastronomía y una red cada vez mayor de proveedores. En el caso de Vicuña, durante 2025 el proyecto trabajó con 580 proveedores en Argentina y el 60% estaba radicado en la provincia; además, el 73% de sus trabajadores directos y el 80% de sus contratistas vinculados a la operación argentina eran locales. En paralelo, el mercado inmobiliario comenzó a detectar faltantes de viviendas de tres dormitorios y oficinas corporativas, mientras desarrolladores de otras provincias ya observan oportunidades en Capital, Rivadavia y Santa Lucía. La señal es concreta: antes de que llegue el pico de construcción de las grandes minas, la demanda habitacional y de infraestructura ya comenzó a anticiparse.
El desafío será convertir ese crecimiento minero en un boom económico integral y ordenado. La construcción deberá responder a una demanda que puede crecer rápidamente, pero también habrá que ampliar rutas, energía, servicios, logística, salud, educación, conectividad y capacidad para recibir nuevas empresas. Vicuña ya comprometió un anticipo de US$250 millones para infraestructura, además de una contribución futura sobre sus ventas, mientras avanza una línea eléctrica de 93 kilómetros destinada a abastecer el proyecto. La experiencia de Neuquén muestra lo que puede ocurrir cuando una economía de recursos naturales escala rápidamente: aumenta la población, llegan empresas, suben las necesidades de vivienda y se expande el consumo. La diferencia estará en cuánto pueda prepararse San Juan para que los miles de millones que vienen de la minería no queden solamente en la cordillera, sino que se transformen en casas, empleo, empresas, infraestructura y nuevas oportunidades para toda la economía provincial.






