El desafío de Benjamin Netanyahu por seguir en el poder y las dudas sobre la seguridad prometida en campaña
El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, enfrenta este martes una de las pruebas electorales más importantes de su carrera. Tras casi dos décadas acumuladas al frente del Gobierno en distintos períodos, busca conservar el poder con un discurso centrado en la seguridad nacional, en medio del desgaste provocado por los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y los conflictos que atraviesan Medio Oriente.
Su principal rival es Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel, quien capitaliza parte del descontento con la gestión oficialista. Los sondeos previos a los comicios muestran una competencia ajustada entre ambos espacios, aunque ninguno tiene asegurada la mayoría parlamentaria necesaria para formar Gobierno.
Benjamin Netanyahu, el longevo primer ministro de Israel que quiere más
Netanyahu, nacido en Tel Aviv el 21 de octubre de 1949, busca prolongar su permanencia en el poder con una campaña que presenta la disputa en términos de seguridad nacional e identidad política. Su estrategia también apunta a advertir sobre los riesgos que, según sostiene, implicaría una victoria de sus adversarios. Durante la campaña, uno de sus lemas contrapone a la derecha con Palestina.
El mandatario acumula casi 19 años como primer ministro, distribuidos en distintos períodos. Sin embargo, su continuidad está atravesada por otros frentes: enfrenta un juicio por corrupción y una orden de arresto de la Corte Penal Internacional (CPI) por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad vinculados con la ofensiva israelí en Gaza.
Nacido en una familia con fuertes vínculos con Estados Unidos, Netanyahu estudió en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y construyó buena parte de su trayectoria pública como portavoz de las posiciones israelíes en el exterior. Antes de dedicarse de lleno a la política, sirvió en una unidad de comandos del Ejército y participó en la guerra de 1973.
Elegido diputado en 1988, asumió la conducción del partido Likud en 1993 y llegó por primera vez al cargo de primer ministro en 1996, a los 46 años. Gobernó hasta 1999 y regresó al poder entre 2009 y 2021. A finales de 2022 inició su actual mandato, con una coalición que incluye a fuerzas ultranacionalistas y partidos ultraortodoxos.
Durante su trayectoria, se opuso a distintas iniciativas de negociación con los palestinos y respaldó la expansión de los asentamientos israelíes en Cisjordania, territorio ocupado desde 1967. También defiende posiciones contrarias a la creación de un Estado palestino soberano y promueve una concepción de la seguridad que prioriza la superioridad militar y la disuasión.
Adversarios y críticos aseguran que «difunde odio»
Durante años, Netanyahu sostuvo que la seguridad de Israel dependía de la fuerza militar, la superioridad en inteligencia y la capacidad de disuadir a sus enemigos. Sin embargo, los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 pusieron en cuestión esa doctrina y abrieron un debate sobre las fallas de inteligencia y la responsabilidad política del Gobierno.
La ofensiva, que dejó alrededor de 1.200 muertos en Israel y derivó en la toma de rehenes, desencadenó la guerra en Gaza y profundizó la inestabilidad regional. Desde entonces, los cuestionamientos a la conducción del primer ministro se mantienen entre los ejes centrales de la discusión política.
Eisenkot, uno de sus principales adversarios, canaliza parte de esa indignación y cuestiona la capacidad de Netanyahu para continuar al frente del Ejecutivo. El dirigente opositor lo acusa de dividir a la sociedad y de presentar a sus rivales políticos como enemigos del país. En esa línea, sostiene que el primer ministro «difunde odio, miedo y presenta a sus rivales como enemigos de Israel», según declaraciones difundidas por la cadena pública Kan.
La disputa, sin embargo, no supone una oposición absoluta entre dos modelos de política exterior. Eisenkot también mantiene una posición firme en materia de seguridad y rechaza que Hamás continúe gobernando Gaza. Por eso, una eventual derrota de Netanyahu no implica necesariamente un cambio radical en la orientación estratégica de Israel.
El respaldo de Donald Trump y el escenario internacional
Netanyahu conserva un aliado importante en el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien expresó públicamente su respaldo al primer ministro durante la campaña. El apoyo de Washington representa un activo político para el mandatario israelí, que busca presentarse como un dirigente con capacidad para sostener la relación estratégica con su principal socio internacional.
Al mismo tiempo, la guerra en Gaza y la orden de arresto de la CPI deterioran la imagen internacional de Netanyahu y alimentan las críticas contra su Gobierno. El resultado de las elecciones puede influir tanto en la política interna como en las relaciones de Israel con Estados Unidos y otros actores de la región.
La votación de este martes define el próximo reparto de fuerzas en la Knéset, el Parlamento israelí. No obstante, el desenlace no depende únicamente de quién obtenga más bancas: la posibilidad de gobernar está atada a la capacidad de reunir al menos 61 de los 120 escaños. Por eso, incluso con una competencia ajustada, las negociaciones entre partidos serán determinantes para establecer si Netanyahu continúa en el poder o si la oposición consigue formar una nueva coalición.
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