El Súper malo de River: lo que los errores arbitrales no tapan :: Olé
El refrán de que “el árbol no tape el bosque” es casi tan antiguo como la rivalidad entre River y Boca. Y encaja perfectamente en la situación que se vive en el club de Núñez desde la derrota del domingo. Es cierto que existieron decisiones del árbitro Nicolás Ramírez y de los integrantes del VAR que perjudicaron al Millonario en la Bombonera, pero ese evidente condicionante en el resultado no puede ocultar ni maquillar el desastroso nivel futbolístico y la carencia de personalidad y jerarquía que mostró el CARP en un superclásico clave para acercarse a la zona de clasificación a la Copa Libertadores 2027 en la tabla anual, amargarle a Paredes y compañía en el camino hacia el título y fortalecer el trabajo de Ponzio como técnico interino al menos hasta fin de año.
Resulta lógico que el presidente Di Carlo, el mismo Ponzio y futbolistas campeones del mundo como Otamenti y Montiel se hayan quejado de los errores arbitrales. Sin embargo, las razones del golpazo de River se deben a motivos mucho más profundos. Principalmente, futbolísticos. Porque el DT puso un 11 con un mediocampo demasiado tierno, con un volante central de 19 años que apenas sumaba 466′ en nueve partidos en Primera (seis como titular), mientras el refuerzo uruguayo Mauro Arambarri, que costó seis millones de euros, ni siquiera fue considerado como opción para suplir a Silva: en su lugar entró el volante ofensivo Lautaro Pereyra, de 18 años, para jugar como doble cinco con Andrada; y luego ingresó JC Meza, de la misma edad y cuyo puesto natural es el de volante derecho.
El error de planteo de Ponzio
El Súper ya había arrancado torcido para River por la mala lectura que hizo Ponzio en el planteo. Y el panorama empeoró cuando el entrenador optó por sacar a Lucas Beltrán tras la expulsión de Martínez Quarta. Iban apenas 10′ cuando el zurdo Lautaro Rivero cubrió la baja del Chino en la zaga central. Y el Vikingo no solo era el único delantero neto sino también el único con características físicas, futbolísticas y mentales como para aguantar la pelota en cada rechazo y/o fajarse con Di Lollo y Jagger Herrera. Sobre todo, para que el equipo tomara aire cada vez que recuperaba la pelota, para que el #18 pudiera pivotar de espaldas al arco para que Almada o Correa contaran con espacios y chances de pisar el área de Boca en alguna segunda jugada. Incluso, que el Vikingo fuera un defensor más en las pelotas paradas, un arma letal del equipo del Vasco Arruabarrena y finalmente la manera en la que se definió el Súper.
Desacoples defensivos y fallas de los referentes
En el campo de juego también hubo errores imperdonables de futbolistas de enorme categoría. El campeón del mundo en Qatar 2022 fue casi tan responsable como MQ en la jugada de la expulsión. Porque el capitán salió demasiado lejos a intentar anticipar a Ascacibar o interceptar el pase de primera del Ruso a Merentiel. Ese adelantamiento de Otamendi generó que el goleador de Boca quedara mano a mano con MQ y en carrera directa hacia el arco de Santiago Beltrán. La consecuencia fue letal: la reacción del Chino no fue retroceder para ganar espacio de marca sino buscar un cuerpo a cuerpo con la Bestia, que ganó la posición y el defensor lo derribó con un tackle.
Otra de las falencias crónicas de River que se repitió en la Bombonera fue la debilidad para defender en las pelotas paradas: había ocurrido con el frentazo de Tomás Fernández (Aldosivi) en los 16avos de Copa Argentina, con el cabezazo previo a la mano de MQ que generó el penal del 1-1 ante Santa Fe en Sudamericana y con el 1-0 de Steimbach en la derrota con GELP.
Ataque apagado: tres remates y ninguna chance clara
Ya todo esto se suma el mayor inconveniente de este equipo en todo el 2026, tanto con Marcelo Gallardo como con Coudet y con Ponzio como técnicos: la falta de generación de juego y, por ende, de situaciones de gol y de efectividad en el arco rival. Pero en la Bombonera fue mucho peor: el Millonario apenas pateó tres veces a la valla del colombiano Montero (uno solo desde dentro del área) y todos desviados. Ninguno con peligro real.
Se trata de un déficit colectivo, aunque directamente ligado a la carencia de individualidades decisivas. El Súper se presentaba como el escenario ideal para que Thiago Almada defendiera la inversión de 20 millones de euros que hizo River, que le tapara la boca a su ¿amigo? Riquelme que lo había chicaneado y que empezara a ganarse el corazón de los hinchas. Casi sin contacto con la pelota (también por un planteo que lo condicionó), tuvo su chance con un tiro libre ideal para su perfil. Pero ni siquiera le acertó al arco.
Un mercado de pases bajo la lupa y decisiones que pasaron factura
La derrota y la desorientación absoluta de River en La Boca fue el último eslabón de un efecto dominó de malas decisiones que empezaron desde la cúpula dirigencial. La limpieza de 14 jugadores que llevó a una pretemporada en Alicante con apenas 18 futbolistas; la separación de los borrados (entre ellos Pezzella, campeón del mundo y referente de la casa) en un container; la contratación de un Borré del que solo queda el recuerdo de máximo goleador del ciclo del Muñeco, de un proyecto de zaguero como Tobías Ramírez, que apenas compitió 45′ ante Racing, y de un Arambarri que salió seis millones y no juega; más la reiterada apuesta por un Gordo Driussi cada vez más desgastado físicamente son solo algunos de los lunares de un proyecto futbolístico que sigue muy en deuda.
El riesgo de quedarse afuera de la Libertadores 2027
No se puede omitir que River fue perjudicado como tampoco debe ignorarse que el equipo nunca dio la cara en partidos decisivos algo que lo llevó a este presente pobrísimo y a estar entre la espada y la pared: ya lejos en la Anual, solo podrá jugar la Libertadores 27 si sale campeón del torneo. De lo contrario la mirará otra vez por TV. No solo un golpe futbolístico, claro, sino también económico.
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