El día que el corno volvió a Mar del Plata
Hay pescas que forman parte de una temporada y otras que forman parte de la memoria. Para varias generaciones de pescadores, el pejerrey corno pertenece a esa segunda categoría. Se convirtió en el pez más emblemático del invierno marítimo en varias costas del país, aquél que temporada tras temporada invita a los fanáticos a prepararse con esperanza y preguntarse ¿cuándo entra el corno? Interrogante que, con el paso del tiempo, empezó a perder sentido.
Es que la especie dejó de llegar a Mar del Plata de manera firme. Los años fueron pasando y las temporadas se sucedieron sin aquella pesca que había sido una de las grandes protagonistas. Hubo algún ejemplar aislado, alguna aparición fugaz, alguna noche en 2016 en la que el recuerdo pareció transformarse nuevamente en realidad. Pero nunca alcanzaba.

El último año verdaderamente bueno había quedado atrás en 2012. Una espera casi eterna que duró nada más ni nada menos que 14 años. Este pejerrey no es una especie extraña para las aguas argentinas, su distribución abarca buena parte de las costas patagónicas y bonaerenses, y las aguas de La Feliz constituyen históricamente uno de sus límites septentrionales de presencia habitual. Y eso explica por qué su ausencia resultó tan llamativa. No había desaparecido del país, no había dejado de existir y tampoco había dejado de salir.
Las explicaciones se elaboraron entonces a partir de lo que se observaba año tras año. Elementos como el estado del agua de mar, su temperatura y salinidad, comenzaron a ser parte de la discusión, mientras se observaban las corrientes, la disponibilidad de alimento e incluso los cambios en la presencia de otras especies. Todas eran piezas posibles de un rompecabezas que nadie podía terminar de armar. Y la conclusión era la misma: “Ya está, no vuelve más”.
El regreso triunfal
Una jornada de este crudo invierno se vio sacudida por un cardumen importante que se acercó a la costa, precisamente a la Escollera Sur. Esa mole de piedra que es uno de los grandes escenarios históricos, y que supo convertirse en uno de los puntos más buscados, ofreció a quienes se animaron a enfrentar el frío y ocuparon la cara externa, piques sostenidos y ejemplares en cantidad. Se lograron alrededor de una docena de piezas por pescador y se produjeron incluso dobletes. Ya no era una casualidad sino una confirmación.
La noticia se propagó como reguero de pólvora y los pescadores se movilizaron de manera masiva. Volvieron a aparecer las camionetas, se intercambiaron datos, horarios, se prepararon líneas y hasta se probó suerte en lugares donde hacía mucho tiempo nadie iba detrás de esa especie.

La Arenera del Faro, delimitada por los balnearios del sur de la ciudad, volvió a ser ese sector transformado en un verdadero campamento. Cientos de vehículos se reunieron otra vez alrededor de las playas para aprovechar la presencia del Manila.
Aunque no fue pareja todos los días, la pesca fue rendidora en cantidad y bastante similar en tamaño. Los ejemplares parecían pertenecer a una misma camada o, al menos, presentaban una marcada uniformidad. Hubo días de pescas realmente sustanciosas, en los que la cuota se cumplió de manera rápida en todo el frente. Otras jornadas, en cambio, mostraron al cardumen más sectorizado.
Las posibles razones
Es difícil explicarlo desde lo científico, pero existieron varios elementos que avisaron que este 2026 podía ser una temporada diferente. El corno está asociado a aguas frías y su ciclo de desplazamiento está fuertemente relacionado con las condiciones de mar. Durante el verano anterior y buena parte del año, se registró una marcada predominancia de vientos provenientes del mar (fenómeno poco habitual), que contribuyeron a una mayor influencia de la corriente fría de Malvinas y su consecuente descenso de la temperatura del agua. Algunas mediciones marcaron menos de 8 ºC.
Pero además propició un escenario ideal para organismos del plancton y pequeños invertebrados, peces chicos como el cornalito, camarones, cangrejos y otros organismos que forman parte del menú alimentario ideal de este pejerrey.

Oportunista y voraz, el corno tiene un ataque directo, y por eso su pique es tan eléctrico y su pelea tan distintiva. Aunque también debe reconocerse que estas dos últimas características no se cumplieron a rajatabla. Como si algo hubiera sido distinto. Diferente.
Poco importó. Durante semanas el movimiento frente a la costa fue incesante, incluso los propios comercios de la zona acusaron recibo aún los días de semana. Como no se sabía cuándo haría su pasada, había que ir a como dé lugar. Al mismo tiempo, en el muelle de Miramar o en las escolleras y playas de Necochea se lograron pescas simultáneas muy buenas. Claramente, volvieron las condiciones que alguna vez hicieron de estas costas una escala habitual de su recorrido.
Lo que viene
Al cierre de la presente edición de Weekend la efervescencia bajó y apareció una meseta generada, principalmente, por las malas condiciones climáticas. Primero, vientos continentales que cambiaron la ecuación y -después- vientos marinos fuertes que complicaron el estado del mar, sumado a la lluvia. Para muchos, otra muestra de esperanza y deseo de que la temporada tenga un round más y entregue una despedida como se merece, algo que finalmente no sucedió.
Una ventana no es necesariamente un cambio permanente y el próximo invierno será o no la confirmación de tantas elucubraciones. Tal vez el 2026 quede registrado como el año en el que el corno regresó definitivamente a Mar del Plata, o quizás se recuerde como una temporada extraordinaria, favorecida por una combinación poco frecuente de condiciones ambientales. Lamentablemente, la bola de cristal no existe y por ahora sólo se trata de deseo.

Quizás sea precisamente esa incertidumbre la que haga todavía más interesante lo ocurrido, signado por muchos como la noticia más importante de la última década y mostrando la importancia de los colita amarilla para el ambiente de la pesca deportiva. De lo que podemos estar seguros es de que volvió a una parte de la identidad pesquera de la ciudad que parecía haber quedado congelada en el tiempo. Esta vez, no hizo falta responder con recuerdos. Alcanzó con mirar las líneas.
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