La misofonía puede hacer que una persona reorganice toda su vida para evitar sonidos

Dejar de comer con la familia, renunciar a un trabajo o mudarse de casa por culpa de un sonido. Lo que parece exagerado es, para muchas personas con misofonía, una realidad cotidiana. Celia Incio del Río, psicóloga especializada en esta condición, describe un trastorno que va mucho más allá de la simple incomodidad.
«Cuando un sonido empieza a decidir qué hacés o con quién estás, ya no hablamos de una manía», advirtió Incio en una entrevista con AS.
La especialista es autora de Maldito Ruido y dirige el primer centro de España dedicado exclusivamente a la evaluación y tratamiento de la misofonía.
La misofonía es una alteración neurológica caracterizada por una respuesta intensa y automática ante ciertos sonidos, independientemente de su volumen o suavidad.
Quien la padece experimenta una reacción emocional que combina ira y ansiedad. Esa respuesta se expresa en distintos planos: pensamientos de repulsión hacia quien emite el sonido, tensión corporal, aumento de la frecuencia cardíaca y una fuerte necesidad de huir o enfrentarse al emisor.
No se trata de una sensibilidad exagerada ni de un rasgo de carácter. Es una condición que condiciona cada decisión del día.
Incio explicó que el problema no se limita a la reacción inmediata. «Empiezan a pensar constantemente dónde sentarse, qué trayecto hacer o si podrán descansar», señaló.
Ese estado de vigilancia permanente agota. «El cerebro entra en alerta continua: ‘¿y si vuelve a aparecer?’, ‘¿y si no puedo escapar?'», describió la psicóloga.
Y el intento de protegerse termina empeorando el cuadro. «Cuanto más intentás evitar el sonido, más aprende el cerebro que es una amenaza», explicó Incio.
El aislamiento es una de las consecuencias más frecuentes. «Muchas personas viven con auriculares, cascos o ruido blanco todo el día para reducir el impacto», afirmó la especialista.
Algunos testimonios van más lejos. «Hay personas que llegan a decir: ‘ojalá pudiera dejar de oír'», reveló.
La acumulación de estrategias de evitación tiene un costo concreto sobre la libertad. «La vida empieza a girar alrededor de evitarlo», insistió Incio, «y eso, poco a poco, reduce la calidad de vida».
Celia Incio se graduó en Psicología por la Universidad del País Vasco y completó su formación con dos maestrías en Madrid: el Máster en Psicología General Sanitaria y el Máster de Experto en Psicología Clínica de la Universidad Complutense.
Su vínculo con la misofonía comenzó cuando atendió a su primer paciente con esta condición. El nivel de sufrimiento y la falta de respuestas que esa persona había encontrado la llevaron a especializarse por completo en el tema.
Desde entonces, acompañó a cientos de pacientes, formó a otros profesionales y escribió Maldito Ruido con el objetivo de acercar el conocimiento a quienes padecen la condición y a sus familias.
Nota generada con inteligencia artificial bajo supervisión y edición humana.
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