Alejandro Sabella y la reconstrucción táctica de la Selección Argentina en el Mundial de Brasil 2014
El 13 de julio de 2014, Alejandro Sabella dirigió a la Selección Argentina en la final de la Copa del Mundo en Brasil frente a Alemania, marcando el retorno del seleccionado a la instancia decisiva tras veinticuatro años de ausencias. Aquel partido en el Estadio Maracaná culminó con una ajustada derrota por 1 a 0 en el tiempo suplementario, cerrando un proceso de tres años de trabajo ordenado y metódico.
Sabella asumió la conducción técnica del equipo en agosto de 2011, tras la temprana debacle argentina en la Copa América organizada en el país. El entrenador platense, reconocido por su perfil analítico y su pasado exitoso en Estudiantes de La Plata, debió reestructurar un plantel golpeado por las sucesivas frustraciones deportivas.

Su primera decisión estratégica consistió en otorgarle de manera definitiva la cinta de capitán a Lionel Messi, buscando centralizar el liderazgo futbolístico en la máxima figura del equipo. Esta medida se complementó con la conformación de un cuerpo técnico compacto junto a sus colaboradores históricos, Julián Camino y Claudio Gugnali.
Las Eliminatorias Sudamericanas sirvieron para consolidar una base ofensiva de gran poder de fuego, que la prensa especializada denominó los cuatro fantásticos: Messi, Gonzalo Higuaín, Sergio Agüero y Ángel Di María. Bajo este esquema ofensivo, el equipo logró la clasificación de manera anticipada en el primer puesto de la tabla de posiciones.
Sin embargo, el arribo a suelo brasileño expuso las dificultades defensivas y las dudas físicas de varias de sus figuras clave en los partidos iniciales. El debut frente a Bosnia y Herzegovina forzó a Sabella a ensayar una línea de cinco defensores en el primer tiempo, sistema que modificó en el complemento tras el reclamo implícito del plantel por un dibujo más ambicioso.
El camino de menor a mayor en territorio brasileño
El transcurso de la fase de grupos evidenció triunfos ajustados contra Irán y Nigeria, donde la genialidad individual de Messi resolvió los desajustes colectivos. Sabella comprendió que para avanzar en las instancias de eliminación directa necesitaba equilibrar las líneas y proteger un andamiaje defensivo que lucía sumamente expuesto ante las contras rivales. Los octavos de final frente a Suiza y los cuartos ante Bélgica marcaron la maduración táctica del planteo propuesto por el director técnico.
La lesión muscular de Ángel Di María en los primeros minutos ante los belgas obligó al entrenador a reconfigurar la mitad de la cancha, ingresando Enzo Pérez para aportar mayor balance defensivo. Por otro lado, el ingreso de Martín Demichelis en la zaga central y la consolidación de Lucas Biglia junto a Javier Mascherano en el eje del mediocampo le dieron a la Selección el orden que el técnico tanto reclamaba. El equipo dejó de ser una formación de transiciones rápidas para convertirse en un bloque sólido, difícil de quebrar para los ataques europeos.
La semifinal contra los Países Bajos, definida por penales tras un cerrado empate sin goles, expuso la disciplina táctica inculcada por Sabella a sus futbolistas. La célebre arenga a Mascherano antes de la prórroga y los cambios precisos para refrescar la marca reflejaron su lucidez conceptual en los momentos de mayor tensión del campeonato.
La final ante Alemania en Río de Janeiro representó la máxima expresión de su planificación estratégica para neutralizar a la potencia europea. A pesar de contar con menos horas de descanso y afrontar múltiples bajas por lesión, la Selección generó las situaciones de gol más claras del encuentro antes del desenlace en el minuto 113.

El impacto deportivo de Sabella y los reconocimientos tras su fallecimiento
La huella de Alejandro Sabella en el fútbol argentino trascendió la obtención del subcampeonato mundial en el año 2014. Su propuesta de anteponer la construcción colectiva por sobre los lucimientos individuales influyó de manera directa en las camadas posteriores de entrenadores de la Asociación del Fútbol Argentino.
El director técnico defendió de manera pública el valor del estudio permanente y la honestidad intelectual como herramientas indispensables para la gestión de grupos deportivos de alto rendimiento. Sus conceptos extrafutbolísticos sobre la solidaridad y el respeto mutuo se transformaron en un manual de estilo replicado en diversas instituciones nacionales.

Tras luchar contra una prolongada enfermedad oncológica agravada por un cuadro de cardiopatía dilatada, Alejandro Sabella falleció el 8 de diciembre de 2020 a los sesenta y seis años de edad. Su deceso generó una profunda conmoción social en todo el espectro deportivo del país, motivando el reconocimiento inmediato de sus antiguos dirigidos.
La Asociación del Fútbol Argentino dispuso que su velatorio se realizara en el predio de entrenamiento de Ezeiza, espacio donde el entrenador había planificado la campaña mundialista. Al año de su partida física, la dirigencia de Estudiantes de La Plata impulsó una serie de homenajes permanentes en las instalaciones del estadio de la avenida Uno. La Municipalidad de La Plata aprobó ordenanzas específicas para bautizar con su nombre dos arterias clave de la capital bonaerense. La avenida 1, entre las calles 54 y 57, y un tramo de la calle 4 en el barrio de Tolosa, donde residió la mayor parte de su vida, fueron rotuladas formalmente como Alejandro Sabella.
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Asimismo, la Universidad Nacional de La Plata le había otorgado la distinción de Huésped de Honor Extraordinario en el año 2018, reconociendo su labor formativa y su conducta cívica más allá de los límites del campo de juego. Las placas conmemorativas y los murales con su rostro completaron la fisonomía urbana de los alrededores del estadio albirrojo.
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