“Dejemos de llorar y cambiemos”: el empresario textil que bancó el nuevo rumbo económico
El empresario textil Rodolfo Masut lanzó una fuerte defensa de la necesidad de cambiar el modelo productivo argentino y cuestionó con dureza a quienes responsabilizan exclusivamente a la apertura de importaciones por la crisis que atraviesa el sector. Con un discurso marcadamente crítico de las prácticas empresariales del pasado y en sintonía con una mirada de reconversión productiva, sostuvo que “el mundo cambió y la gente cambió” y que las empresas ya no pueden pretender trabajar bajo las mismas reglas de hace tres décadas.
Masut apuntó directamente contra una lógica que, según explicó, se instaló durante los años de inflación y que llevó a muchos industriales a retener mercadería en lugar de venderla. “No conviene vender”, resumió, y agregó: “El stock era un cheque al portador”. En su interpretación, esa dinámica permitió obtener ganancias mediante el aumento permanente de los precios, mientras los consumidores comenzaron a modificar sus hábitos. “La gente se dio cuenta de que podía comprar más barato”, afirmó, y cuestionó: “No pensamos nunca en exportar. ¿Para qué? Si se lo puedo vender a mi vecino y encima le digo: compralo hoy porque mañana es más caro”.
El empresario también puso el foco en los costos que enfrentan las fábricas argentinas y aseguró que la estructura financiera e impositiva representa un obstáculo para producir e invertir. “¿Sabe cuánto le cuesta a usted un crédito bancario? Está alrededor del 120 por ciento”, sostuvo, antes de remarcar que “la gente no puede pagar un crédito”. También cuestionó la estructura tributaria y lanzó una comparación con las importaciones: “Si usted compra un pantalón o una camisa o cualquier prenda terminada desde China, no paga impuestos. Mientras que si usted compra una tela para fabricar una prenda, sí paga impuestos. Es una locura”.
En uno de los tramos más contundentes de la entrevista, Masut reconoció que la industria nacional arrastra problemas propios que no pueden atribuirse únicamente a las políticas actuales. “Cuando miramos para dentro de las fábricas, no digo todas, pero el 90% las máquinas tienen más de 30 años”, afirmó. Y utilizó una metáfora para describir el cambio de escenario: “Nosotros estábamos acostumbrados a pescar dentro de la pecera, a cazar dentro del zoológico. Ahora, cuando nos abrieron las puertas y ahora tenemos que pescar en el océano, bueno, tenemos que estar preparados para pescar en el océano”. Para el empresario, la apertura expone a las empresas a una competencia global para la cual muchas todavía no están preparadas.
Lejos de plantear que el camino sea sostener indefinidamente la producción tradicional, Masut habló directamente de reconversión y utilizó a la economía sanjuanina como ejemplo. “San Juan cambió”, destacó, al recordar que décadas atrás la conversación económica estaba concentrada principalmente en la uva, la aceituna y el aceite de oliva, mientras que actualmente la minería ocupa un lugar central. También citó el caso de Chile para sostener que una actividad puede desaparecer sin que eso implique necesariamente el derrumbe de toda una economía: “Se reconvirtió. Empezaron a trabajar para lo que saben hacer bien”.
Finalmente, el empresario lanzó una definición que sintetizó su postura y que puede generar fuertes críticas dentro del propio sector: “No hagamos más remeras porque perdemos plata”. Para Masut, Argentina tiene recursos suficientes para encontrar nuevas oportunidades y no debería concentrar toda la discusión en proteger actividades que perdieron competitividad. “Dejémonos de quejarnos, tratemos de ver de qué manera podemos levantar y dar trabajo a la gente”, reclamó, aunque también cuestionó al Estado por el costo del financiamiento y los impuestos. “No puedo yo seguir empujando cuando de arriba, en lugar de cobrarme un crédito 35%, me están cobrando 120”, concluyó.






