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Después de nueve años con ELA, murió Rosana y su historia conmueve a la provincia

Después de nueve años con ELA, murió Rosana y su historia conmueve a la provincia
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Rosana Ferrarini falleció después de convivir durante nueve años con Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), una enfermedad neurodegenerativa que fue limitando progresivamente sus movimientos y su capacidad para comunicarse. Su historia había conmovido a la provincia por la fortaleza con la que enfrentó la enfermedad, el acompañamiento incondicional de su familia y un mensaje que hoy adquiere un significado especial: disfrutar cada día y no dejar de tener proyectos.

Los primeros síntomas aparecieron en 2014, cuando comenzó a experimentar dificultades para hablar. Con el paso del tiempo, también tuvo problemas para tragar y perdió fuerza en sus brazos y piernas. Después de consultar con especialistas de distintas provincias, recibió el diagnóstico que cambiaría su vida. En 2017 debió someterse a una gastrostomía y una traqueotomía, procedimientos que marcaron una nueva etapa en su tratamiento y obligaron a su familia a reorganizar la casa y las rutinas para garantizarle los cuidados necesarios.

Antes de la enfermedad, Rosana trabajaba en estética, realizaba uñas, maquillaje y masajes, y también había colaborado ad honorem como auxiliar de enfermería. Era una mujer independiente, coqueta, sociable y muy familiera. Su hermana Luci la recordaba como el motor de la familia, una persona que, incluso frente a las limitaciones de la ELA, conservaba su carácter y seguía participando de las decisiones cotidianas. “Siempre fue muy independiente, ni siquiera la ELA la hizo cambiar. Rosana es una maestra”, había expresado.

Uno de los testimonios más conmovedores llegó a través de su tablero de comunicación, el sistema que le permitía expresar sus pensamientos con ayuda de su cuidadora. Desde allí dejó un consejo para otras personas que atravesaban la misma enfermedad: “Tengan proyectos cortos y disfruten la vida. Ella es el motor”. Tras conocerse su fallecimiento, su familia también pidió que quienes fueran a despedirla no vistieran de negro ni llevaran coronas, respetando sus deseos y su manera de entender la vida. Su historia deja un mensaje que trasciende la enfermedad: “Disfruten cada día. El amor es el motor”.

 

 

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