“Dormimos vestidos y con la mochila lista”: El dramático testimonio de un sanjuanino que vive bajo ataque en Israel
Mientras el conflicto entre Israel e Irán escala y mantiene en vilo al mundo, un sanjuanino radicado en Tel Aviv relató en primera persona cómo es vivir bajo amenaza constante de misiles de largo alcance. Alarmas, refugios, explosiones y la incertidumbre permanente forman parte de su rutina diaria.
Matías Acerrat, guía de turismo en Tierra Santa, dialogó con Radio Sarmiento y describió un escenario de tensión que se repite desde hace más de dos años, pero que en las últimas jornadas volvió a intensificarse.
Alarmas cada pocos minutos y carreras hacia el refugio
“Hoy es un día relativamente tranquilo, pero desde la mañana ya tuve que ir tres veces al refugio”, contó. Sin embargo, aclaró que cada alerta puede implicar varias sirenas consecutivas, lo que obliga a permanecer durante horas en los búnkeres.
El sistema de prevención funciona con un doble aviso: primero llega una alerta al celular, diez minutos antes de la posible amenaza. Luego suena la sirena general. En Tel Aviv, donde vive, dispone de apenas un minuto y medio para resguardarse.
“No son granadas pequeñas. Son misiles de largo alcance con una magnitud de destrucción muy grande. La vibración cuando explotan no se puede describir”, explicó.
Uno de los impactos recientes cayó a unos cuatro kilómetros de su vivienda. “El retumbe fue impresionante. Uno no sabe si cayó al lado o a tres kilómetros”, relató.
Cómo es la vida dentro del búnker
En Israel existen distintos tipos de refugios: desde cuartos seguros dentro de viviendas modernas hasta búnkeres comunitarios o públicos. En su caso, debe salir de su departamento y bajar a un refugio del edificio.
Tiene preparada una mochila con agua, documentación y comida. También lleva a su perro. “He estado hasta tres horas adentro. Por eso siempre trato de tener el celular cargado”, explicó.
Dentro del búnker hay luz y algunas sillas. Los vecinos han dejado juegos para los chicos y algunos elementos básicos. Pero lo que domina es la incertidumbre.
“Uno no sabe si va a estar 15 minutos o cinco horas. Se escuchan las explosiones y no sabés si fue interceptado o si cayó en algún lugar”, describió.
“No se vive, se sobrevive”
Acerrat reconoció que el estado emocional está atravesado por la tensión constante. “Dormimos vestidos y con un ojo abierto. Las alarmas pueden sonar a las 2, 3 o 4 de la mañana”, señaló.
Si bien asegura que siguiendo las normas de seguridad las probabilidades de sufrir daños disminuyen, admite que el desgaste psicológico es fuerte. “A veces el sonido de la sirena ya queda en la cabeza, incluso cuando no está sonando”, dijo.
Hasta el momento, según detalló, el saldo de víctimas fatales ronda las once personas, entre ellas una familia que murió tras un impacto directo y una mujer de 102 años que falleció al caer mientras corría hacia el refugio.
“Cada vida duele. Pero para lo que se esperaba, el número es bajo”, reflexionó.
Un país paralizado y el turismo en pausa
El país funciona con servicios mínimos: hospitales, fuerzas de seguridad y supermercados. No hay clases, los comercios están cerrados y están prohibidos los eventos públicos. Incluso celebraciones religiosas como Purim fueron suspendidas.
Para Matías, el impacto económico es directo. El turismo —actividad que ejerce desde hace años— fue uno de los sectores más golpeados.
“Hace dos años y medio que el turismo está a la deriva. Es el primero en caer y el último en recuperarse”, sostuvo. Aunque asegura que hay interés internacional por visitar Tierra Santa, la reactivación depende de que cesen los ataques y se normalicen los vuelos.
¿Escalada hacia una guerra mayor?
Consultado sobre la posibilidad de una expansión global del conflicto, fue prudente. “No soy estratega militar. Espero que no sea una tercera guerra mundial. Ojalá termine pronto y podamos volver a una rutina normal”, expresó.
Mientras tanto, su día a día transcurre entre alertas, refugios y la esperanza de que la paz llegue antes de que la situación escale aún más.






