El Congreso vivió una apertura de sesiones fuera de libreto
Además de la promesa de casi un centenar de reformas que no detalló, el Presidente dejó claro que seguirá por el camino de la confrontación.

Mariano Fuchila
En lo que ambos bandos se pusieron de acuerdo fue en hacerle sentir el rigor a Victoria Villarruel, que escoltó a Milei en su calidad de titular del Senado. Al ser anunciada la Vicepresidenta de la Nación, hubo un silencio burlón que se cortó con una exagerada estridencia para darle la bienvenida a Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados. Luego Villarruel se tuvo que hacer lugar, con un empujón a Karina Milei registrado por la transmisión oficial, para colocarse al lado del mandatario en su caminata hacia el recinto. Nunca fue observada ni saludada por el referente libertario, pero sostuvo un semblante ameno -y sin aplausos- durante todo su discurso.
Mariano Fuchila
Los que sí se mantuvieron al margen del tono de la ceremonia fueron los tres miembros de la Corte Suprema de Justicia, con brazos fijados a los costados o apenas algún comentario entre Lorenzetti y Rosatti, y los miembros de las Fuerzas Armadas (cuya comitiva que quedó fuera del recinto tuvo la Sala Delia Parodi reservada para seguir el discurso con privacidad). Hubo una excepción: uno de los dos representantes de la Marina aplaudió los pasajes referidos a la inversión del Ejército y cuando el Presidente le dijo “chorros y asesinos” a los diputados peronistas. Delante de ellos estaban los ministros, que acompañaron las celebraciones generales, con Luis Caputo y Pablo Quirno como los más animados.
“Acá vino el Javier Milei genuino, el que eligió la gente y ganó las elecciones”, analizó el libertario Lisandro Almirón para Ámbito, quien señaló que aún el bloque no tiene definidos plazos para tratar los 90 paquetes de proyectos que prometió el mandatario, pero que anticipó que vendrán de los artículos excluidos de otras propuestas de ley. “No tienen nada, fue todo una improvisación”, consideró un peronista minutos después. Lo cierto es que Milei, de manera premeditada o siguiendo el instinto que lo llevó a la Presidencia de la Nación, se permitió descuidar su discurso para alimentar su liderazgo. La ceremonia pudo haber ganado en entretenimiento, pero perdió rigurosidad y vocación de guía de gestión. Mientras que sigan sumándose los aplaudidores, es seguro que este camino no se detendrá.
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