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Exploradores del abismo: La expedición del CONICET que redescubrió el Mar Argentino

Exploradores del abismo: La expedición del CONICET que redescubrió el Mar Argentino
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Lo que comenzó como una misión científica silenciosa, lejos del ruido de la superficie, terminó transformándose en un fenómeno viral. A bordo del buque Falkor (too), un grupo de investigadores del CONICET y del INIDEP protagonizó una expedición inédita en el Cañón Submarino de Mar del Plata, un abismo de casi 4.000 metros de profundidad donde la vida se abre paso en la oscuridad.

Se trata de Talud Continental IV, la campaña oceanográfica que por primera vez en la historia argentina permitió transmitir en vivo y en alta definición el descenso al fondo del mar. Desde estrellas marinas violetas hasta esponjas carnívoras y crustáceos rosados, la biodiversidad revelada despertó asombro, risas y admiración en miles de usuarios que siguieron cada inmersión desde sus pantallas. “Fue como ver una película de ciencia ficción, pero hecha por argentinos y en tiempo real”, escribió un usuario en redes sociales, mientras otros comparaban a las criaturas halladas con personajes de dibujos animados como Patricio Estrella o incluso la versión acuática de Barbie.

La misión se llevó a cabo desde el Falkor (too), buque oceanográfico del Schmidt Ocean Institute, y utilizó el robot submarino ROV SuBastian, un dispositivo de exploración de última generación capaz de capturar imágenes en 4K, recolectar muestras de sedimento, agua y ADN ambiental, y operar con precisión en un entorno hostil sin dañar el ecosistema. “El océano profundo argentino es uno de los más desconocidos del planeta”, explicó Daniel Lauretta, investigador del CONICET y jefe del equipo de trabajo. “Nuestra tarea es empezar a conocerlo, pero también mostrarlo, contarlo, emocionarnos junto a la gente que está del otro lado de la pantalla”.

La expedición encontró un tesoro natural inesperado: jardines de corales de aguas frías, peces ciegos, rayas abisales, pepinos de mar de colores intensos, estrellas que parecen esculturas vivas y esponjas de formas imposibles. Muchas de estas especies podrían ser completamente nuevas para la ciencia. También se identificaron zonas sensibles, hábitats únicos y señales preocupantes de presencia humana, como basura y microplásticos. El relevamiento permitirá mejorar el diseño de áreas marinas protegidas, estudiar el impacto del cambio climático y fortalecer políticas públicas de conservación.

La transmisión en vivo a través de YouTube superó los 50.000 espectadores simultáneos, un récord para una iniciativa científica nacional. El éxito encendió una chispa de orgullo colectivo, pero también expuso una contradicción: mientras la ciencia argentina maravilla al mundo, su financiamiento atraviesa uno de los momentos más críticos. “El CONICET lleva adelante esta misión con recursos limitados. Sin financiamiento sostenido, estos logros podrían no repetirse”, advirtió el investigador Gregorio Bigatti. La inversión estatal en ciencia cayó al 0,15 % del PBI, y muchos equipos científicos dependen hoy del apoyo internacional para subsistir.

En medio de un clima social tenso, la expedición Talud Continental IV logró algo poco frecuente: unificar miradas. Adultos, niños, docentes, divulgadores, medios y ciudadanos sin formación científica se conectaron —literal y emocionalmente— con el fondo del mar. Lejos de los laboratorios cerrados y los papers técnicos, la ciencia se volvió espectáculo, asombro, identidad. Una historia de buzos y biólogos que exploran en la oscuridad para iluminar el conocimiento. Una expedición que, sin proponérselo, logró volver a enamorar al país de su mar y de su ciencia.

Lo que hay bajo las olas argentinas es tan profundo como el potencial de su ciencia. Solo falta voluntad para seguir mirando hacia ese horizonte.

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