hackatonGUILLERMO CHIRINO: «Queremos educación vial en las aulas»
En tiempos donde la urgencia suele ganarle a la reflexión, un espacio de debate nacional se prepara para plantar una semilla distinta. Se trata de un hackatón —sí, una suerte de maratón de ideas— que reunirá a más de 300 ONGs de todo el país, en mesas de trabajo que abordarán desde la salud mental hasta la justicia y la seguridad vial.
El encuentro no será uno más. La apuesta es ambiciosa: construir, entre todos, un proyecto nacional que siente las bases para incorporar la educación vial como materia curricular en las escuelas. Porque si hay algo en lo que los protagonistas de este evento coinciden, es en que la transformación real empieza por las aulas.
Uno de los impulsores de esta idea es Guillermo Chirino, uno de los fundadores de la Asociación Familias del Dolor y la Esperanza en San Juan. Chirino llevará al Congreso una propuesta concreta: que la seguridad vial deje de ser un contenido aislado y pase a formar parte estructural de la enseñanza escolar en San Juan. Su objetivo es claro: presentar el proyecto a la ministra de Educación de la provincia y trabajar por su implementación.
“Tenemos que sembrar desde abajo la conciencia”, dice Chirino, con la claridad que da el haber visto demasiadas veces las consecuencias de un volante irresponsable. Y no lo dice desde el aire: lo dice desde la experiencia, desde la lucha, desde el dolor que muchas familias traen consigo al Congreso.
Este hackatón nacional, que se desarrollará en el Centro Cívico, no será solo una sucesión de charlas. Habrá espacios emotivos, capacitaciones para motociclistas, encuentros entre referentes de distintas provincias —desde Mar del Plata hasta La Rioja, desde Buenos Aires hasta San Juan—. Cada mesa de trabajo buscará bajar líneas, generar ideas, cruzar experiencias. El objetivo no es señalar, sino proponer. No es criticar, sino construir.
“El congreso no termina en el congreso”, subrayan. Porque no se trata de colgar diplomas, sino de redactar un proyecto que se pueda aplicar, al menos como prueba piloto, en San Juan. Un proyecto que diga, por fin, que educar en seguridad vial es tan importante como enseñar matemáticas o historia.
Y entonces surge la pregunta inevitable: ¿Qué nos pasó como sociedad? ¿Por qué hoy alguien puede tomarse una botella de vino y salir a manejar como si nada? ¿Por qué nos acostumbramos al “no pasa nada”? ¿Qué puente se rompió entre la responsabilidad individual y el cuidado colectivo?
Tal vez la respuesta esté, justamente, en esa carencia: la falta de conciencia y formación desde la infancia. Porque lo que no se aprende a los seis años, se improvisa (mal) a los veinte.
Este hackatón quiere cambiar eso. Quiere que, algún día, un chico que aprenda qué es un paso de cebra o por qué no hay que conducir con alcohol en sangre, se lo enseñe a su padre. Y que la cultura vial deje de ser una deuda pendiente para convertirse, por fin, en un derecho adquirido.






