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¿La carne de caballo termina en carnicerías y embutidos?

¿La carne de caballo termina en carnicerías y embutidos?
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NOTA EN DESARROLLO

La policía rural de San Juan desbarató nuevamente un centro clandestino de faenamiento de caballos. El procedimiento tuvo lugar este miércoles tras denuncias de vecinos que alertaron movimientos sospechosos en una vivienda precaria de las afueras del departamento. Allí encontraron restos de al menos tres equinos faenados sin control sanitario. Hay tres personas detenidas, una de ellas reincidente, y las autoridades sospechan que la carne termina siendo vendida en carnicerías o utilizada en la producción de embutidos.

El operativo fue liderado por el comisario Mario Domínguez, jefe de la Policía Rural, quien confirmó en diálogo con este medio que uno de los detenidos ya había sido arrestado por el mismo delito en 2024. “El año pasado fueron dos caballos, ahora encontramos tres. La misma persona, el mismo lugar”, detalló. Además, se secuestró una escopeta calibre 16 que portaba una tercera persona, sospechada de llegar al lugar con la intención de trasladar la carne.

Entre los restos hallados había tres osamentas y dos cabezas. Un veterinario determinó que se trataba de dos yeguas, una de ellas con pelaje tordillo. “Eso da indicios de que los animales podrían tener dueño. Estamos averiguando si fueron robados o cedidos”, indicó Domínguez.

El procedimiento expuso nuevamente la crudeza de este circuito ilegal. “Toda la carne es despostada, se aprovecha casi todo, menos las vísceras”, describió el comisario, quien aclaró que las condiciones del lugar no cumplían con ninguna norma de salubridad. “Es una casa precaria, sin control sanitario. La carne se carga en camionetas y, según creemos, se destina a embutidos o venta en carnicerías. Eso es lo más grave”, advirtió.

La investigación apunta ahora a desentrañar la cadena de comercialización. “Estamos en una etapa investigativa, pero sí, creemos que esto termina en carnicerías. Ya tenemos algunas pistas, pero no podemos dar detalles”, agregó Domínguez. También señaló que, al no superar los tres años de pena, estos delitos suelen ser excarcelables, aunque en el caso del reincidente podría corresponder una condena efectiva.

Desde la Policía no descartan que algunos animales hayan sido comprados por el grupo delictivo bajo el acuerdo tácito de destinarlos al «tacho», como se le llama en la jerga al destino final de los caballos viejos o lastimados que ya no son útiles para trabajar. “Es una práctica que existe desde hace mucho, pero el problema es que esa carne termina en la mesa de los consumidores, sin que nadie lo sepa”, concluyó Domínguez.

La faena clandestina de caballos no solo implica un riesgo sanitario para la población, sino que también desnuda un circuito económico informal que conecta el delito con el consumo cotidiano. La Policía Rural promete seguir avanzando hasta dar con el destino final de la carne: «Muy pronto va a haber novedades. La gente se va a sorprender de dónde termina esto», anticipó el comisario.

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