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Los campeones mundiales que caminaron por la cornisa: de la agonía al título

Los campeones mundiales que caminaron por la cornisa: de la agonía al título
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La épica de la Copa del Mundo suele recordarse a través de la gloria final, pero el camino del vencedor rara vez es lineal. En múltiples ocasiones, las potencias que terminaron alzando el trofeo estuvieron a escasos minutos de volverse a casa en la primera fase o en las rondas de eliminación directa.

Un caso emblemático ocurrió en el Mundial de 1978 con la selección argentina dirigida por César Luis Menotti. Durante la segunda fase de grupos, el equipo local necesitaba vencer a Perú por una ventaja de cuatro goles para superar a Brasil en la tabla de posiciones y acceder a la gran final.

El partido decisivo comenzó con una tensión asfixiante en Rosario, y el combinado peruano estrelló un remate en el poste defendido por Ubaldo Fillol a los pocos minutos de juego. De haber entrado ese balón, la historia del certamen habría tomado un rumbo completamente diferente para la Albiceleste.

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En México 1986, el equipo comandado por Carlos Salvador Bilardo también transitó momentos de dramatismo absoluto. Durante los octavos de final ante Uruguay, el clásico rioplatense se definió por un ajustado uno a cero, donde el elenco charrúa presionó intensamente sobre el cierre del partido.

La resistencia defensiva argentina, liderada por Oscar Ruggeri y José Luis Brown, sostuvo el resultado bajo un calor agobiante en Puebla. Aquellos minutos finales resultaron dramáticos, ya que un empate uruguayo habría forzado un tiempo suplementario con consecuencias físicas impredecibles.

Los campeones mundiales que caminaron por la cornisa: de la agonía al título
En 1978, Argentina necesitaba vencer a Perú por una ventaja de cuatro goles para superar a Brasil en la tabla de posiciones

La consagración de Argentina en Qatar 2022 ofreció el ejemplo más extremo de supervivencia en la historia reciente de los mundiales. En los cuartos de final contra Países Bajos, el equipo de Lionel Scaloni sufrió el empate dos a dos en la última jugada del tiempo reglamentario.

Tras el impacto anímico, el seleccionado capitaneado por Lionel Messi debió recurrir a la definición por penales. La figura de Emiliano Martínez emergió de manera providencial al detener los dos primeros envíos neerlandeses, asegurando el pase a las semifinales del torneo.

La final de ese mismo certamen contra Francia guardaba el milagro más grande de todos los tiempos. En el minuto ciento veintitrés del tiempo suplementario, el delantero galo Randal Kolo Muani quedó mano a mano frente al arquero argentino tras un fallo en la cobertura.

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La milagrosa intervención de Martínez, desviando el potente disparo con su pierna izquierda, evitó la derrota inmediata de Argentina. Aquella acción se transformó instantáneamente en la atajada más determinante de la historia de los mundiales, previa a los penales.

Otras potencias mundiales también experimentaron el abismo antes de coronarse en la máxima cita. Italia, en el Mundial de Estados Unidos 1994, estuvo a sólo dos minutos de quedar eliminada en los octavos de final ante la sorprendente Nigeria en el estadio de Boston.

El salvador de la Azzurra fue Roberto Baggio, quien anotó el empate a los ochenta y ocho minutos de juego. Posteriormente, el propio delantero convirtió el gol de la victoria mediante un tiro penal en el tiempo suplementario, impulsando a su país hacia la final del torneo.

Los campeones mundiales que caminaron por la cornisa: de la agonía al título
Italia, en el Mundial de Estados Unidos 1994, estuvo a sólo dos minutos de quedar eliminada en los octavos de final

Brasil, el máximo ganador de la historia, experimentó una situación similar durante la Copa del Mundo de Chile 1962. En la fase de grupos, el Scratch perdía uno a cero ante España y sufría la baja por lesión de Pelé, quedando al borde de una eliminación prematura.

El ingreso de Amarildo modificó el destino del encuentro al anotar dos goles en los últimos veinte minutos del partido. El triunfo por dos a sintonizó el rumbo de la Verdeamarela, que finalmente lograría el bicampeonato mundial sin su máxima figura en la cancha.

Alemania Occidental también supo caminar por el borde del precipicio en la edición de México 1970. En los cuartos de final frente a Inglaterra, los germanos perdían por dos goles a cero a falta de media hora para el pitazo final del árbitro del encuentro.

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Los tantos de Franz Beckenbauer y Uwe Seeler forzaron la prórroga, donde Gerd Müller selló el tres a dos definitivo. El periodista e historiador Brian Glanville reflejó en su libro The Story of the World Cup cómo este vuelco anímico cimentó la mentalidad competitiva alemana.

En el Mundial de España 1982, Italia avanzó a la segunda fase sin ganar un solo partido en su grupo. Tres empates consecutivos ante Polonia, Perú y Camerún dejaron al equipo de Enzo Bearzot igualado en puntos con el conjunto africano, clasificando sólo por goles a favor.

El periodista argentino Dante Panzeri solía explicar en sus crónicas de la revista El Gráfico que el fútbol es el arte de lo imprevisto. La historia demuestra que los campeones no siempre dominan de principio a fin, sino que saben resistir en el momento de mayor vulnerabilidad.

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