Lula da Silva se juega la reelección ante el avance de Flávio Bolsonar
Brasil se prepara para una elección decisiva este domingo 25 de octubre, cuando Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro se enfrentarán en el balotaje presidencial. El senador conservador llega con una leve ventaja en las encuestas, mientras el actual mandatario busca conquistar un cuarto mandato y frenar el avance de la derecha en la región.
La segunda vuelta llega después de una primera ronda en la que Flávio Bolsonaro, hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro, sorprendió al imponerse con el 47% de los votos frente al 45% de Lula, el pasado 4 de octubre. El resultado dejó al presidente de izquierda ante el desafío de revertir la diferencia en una contienda que trasciende las fronteras brasileñas.
Con 45 años, el senador busca capitalizar el crecimiento de las fuerzas conservadoras, mientras Lula, que está próximo a cumplir 81, intenta conseguir su segundo mandato consecutivo y el cuarto de su trayectoria presidencial.
La votación también será una prueba para el escenario regional. Después de los avances de la derecha en Argentina, Chile y Colombia, Brasil podría sumarse a esa tendencia, alentada por el presidente estadounidense Donald Trump. Aunque Washington mantuvo un perfil discreto durante la campaña, la influencia de Estados Unidos y el papel de las redes sociales quedaron en el centro de la discusión.
El oficialismo acusó a Meta de interferir en el proceso electoral y denunció restricciones a la circulación de sus contenidos en WhatsApp e Instagram. La compañía reconoció que hubo «problemas técnicos», pero rechazó las acusaciones de parcialidad. En paralelo, Lula intensificó su actividad digital y comenzó a grabar videos en formato selfi para convocar a sus seguidores.
Encuestas ajustadas y promesas de campaña
Los estudios de Datafolha y Quaest ubican a Flávio Bolsonaro con el 51% de intención de voto y a Lula con el 49%, una diferencia que se mantiene dentro del margen de error. Sin embargo, los sondeos previos a la primera vuelta habían subestimado el respaldo electoral de la derecha.
En un debate televisado el domingo, el senador prometió «jubilar» a Lula, en un intercambio marcado por agravios y acusaciones. Al día siguiente, durante un acto en Pará, aseguró que devolvería a las familias «la esperanza y el derecho a soñar».
Su campaña pone el foco en la seguridad y el poder adquisitivo, dos de las principales preocupaciones de los cerca de 160 millones de electores.
El senador también promueve la lucha contra la corrupción, aunque él mismo está bajo investigación por un posible caso vinculado con la producción de una película sobre su padre. Según la información difundida, habría solicitado millones a un banquero detenido por un esquema de fraude.
Lula busca recuperar terreno con medidas sociales
Tras el resultado de la primera vuelta, el oficialismo recuperó impulso con movilizaciones multitudinarias: «Quiero agradecer al pueblo brasileño que salió a las calles para garantizar la continuidad de la democracia en este país», expresó Lula ante sus simpatizantes.
La situación judicial de Jair Bolsonaro también atraviesa la campaña. El expresidente cumple prisión domiciliaria mientras afronta una condena de 27 años por intento de golpe de Estado tras perder las elecciones de 2022. Su hijo prometió liberarlo si llega a la presidencia y aseguró que será él quien le coloque la banda presidencial.
En la recta final, Lula reforzó los anuncios sociales y obtuvo un avance legislativo con la aprobación de una reforma constitucional que garantiza dos días de descanso a los trabajadores. Además, el aumento del programa de asistencia Bolsa Familia entró en vigor durante la semana previa a la votación.
La medida sobre el descanso laboral ganó respaldo por su popularidad y llevó a Flávio Bolsonaro a votar a favor, pese a que inicialmente se había opuesto. Con la elección cada vez más cerca, ambos candidatos buscan convencer a los últimos votantes en una disputa que definirá el rumbo político de Brasil.
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