San Juan celebró el Te Deum con un llamado a construir la paz desde el amor y la justicia
En el marco de los actos por el aniversario de la Revolución de Mayo, el Arzobispado de San Juan de Cuyo celebró este domingo 25 de mayo el tradicional Te Deum en la Catedral, con la presencia de autoridades provinciales, fieles y referentes sociales. El mensaje central estuvo a cargo del Obispo Auxiliar de San Juan, Mons. Gustavo Larrazábal cmf, quien hizo un llamado profundo a trabajar por la paz desde el compromiso cotidiano, la justicia y el diálogo.
“La paz les dejo, mi paz les doy; no como la da el mundo” (Jn 14,27), fue el pasaje evangélico que guió la reflexión del obispo, en un contexto social y político atravesado por tensiones. Larrazábal sostuvo que «la paz es el deseo profundo que anida en el corazón de Dios y de todo ser humano, creyente o no», pero aclaró que «no viene sola, como regalo caído del cielo: se logra, se trabaja, se pide… es don y tarea a la vez».
En su homilía, también subrayó que la paz cristiana no es la simple ausencia de conflictos: “No basta con ausencia de litigios; es mucho más, es el don del Espíritu que ensancha los corazones ajenos a toda forma de violencia”.
Apelando al ejemplo de los próceres de Mayo, afirmó: «Entendieron que la libertad no se conseguía sin el pueblo, y sin la escucha del grito de libertad e independencia que el mismo pueblo anhelaba», y convocó a replicar hoy ese mismo espíritu de escucha y diálogo fraterno.
Mons. Larrazábal también rechazó todo tipo de violencia, indiferencia y trata de personas, remarcando que:
«No puede haber diálogo con violencia, porque ésta no posee lógica. No puede haber connivencia con la injusticia, porque ésta empobrece al vulnerable. No hay lugar para la indiferencia, porque ésta mata».
Citando al Papa Francisco, recordó que:
“Sólo la paz que nace del amor fraterno y desinteresado puede ayudarnos a superar las crisis personales, sociales y mundiales”.
Finalmente, animó a los presentes a asumir con esperanza la tarea de construir un país más justo y unido:
«Configuremos nuestro interior con propósitos genuinos de forjar la Patria Grande, la que soñaron nuestros próceres, la que debemos a la gente y a los que vendrán después de nosotros».






