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Sin mesas y sin respuestas: El cruce que expuso la crisis universitaria

Sin mesas y sin respuestas: El cruce que expuso la crisis universitaria
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El paro docente universitario dejó de ser un conflicto sectorial para impactar de lleno en la vida académica de miles de estudiantes. La suspensión de mesas de examen en un momento clave del calendario genera un efecto dominó que no solo retrasa materias, sino que en algunos casos puede comprometer seriamente la continuidad de las carreras, con riesgo concreto de perder el año.

Ese escenario quedó expuesto en un fuerte cruce al aire con el presidente de la Federación Universitaria, Gonzalo Leyes, donde se evidenció el choque entre dos derechos: el reclamo docente y la necesidad urgente de los estudiantes de rendir para avanzar.

“Esta semana hay paro”, reconoció el dirigente, admitiendo el impacto directo de la medida. Sin embargo, defendió la postura de la Federación al sostener que “la medida es legítima” y que responde a una crisis más profunda vinculada al financiamiento universitario.

Pero la réplica fue inmediata y sin filtros: “Se están perdiendo mesas de examen. Les importa tres pepinos lo que ustedes piensan”, se planteó, marcando el malestar creciente entre estudiantes que ven cómo se les cierran instancias fundamentales para su progreso académico.

Frente a eso, Leyes intentó explicar la intervención de la Federación: “Les pedimos a los estudiantes que hayan perdido su mesa que se contacten con nosotros para mediar y reprogramarlas”. La respuesta, sin embargo, no logró disipar la crítica central: la falta de soluciones estructurales frente a un problema que avanza semana a semana.

El momento más tenso llegó cuando se puso en duda el rol de representación estudiantil. “Usted parece un dirigente de ADICUS, no alguien que defiende a los estudiantes”, se le recriminó. Lejos de retroceder, el dirigente respondió: “Nosotros defendemos a los estudiantes, somos esos estudiantes”, y apuntó a que el conflicto no puede analizarse sin contemplar la crisis presupuestaria que atraviesa el sistema.

Sin embargo, el cuestionamiento volvió sobre un punto concreto: “¿Qué están haciendo para que los chicos puedan rendir? ¿Por qué no presentan un amparo?”. La ausencia de medidas legales o acciones más contundentes quedó en el centro de la escena.

En ese ida y vuelta, quedó al descubierto una tensión difícil de resolver. Por un lado, la defensa del reclamo docente y la advertencia sobre el deterioro del sistema: “Si los docentes se van porque no les pagan, ¿de qué educación estamos hablando?”. Por el otro, la urgencia de los estudiantes: rendir hoy, no perder materias, no quedar atrapados en un calendario que no espera.

“No nos gusta perder clases ni mesas, pero entendemos la realidad”, insistió Leyes. Del otro lado, la respuesta fue tajante: “Nadie discute el reclamo docente, pero también hay que defender el derecho de los chicos a estudiar”.

El cruce no tuvo síntesis. Pero sí dejó una certeza: el conflicto ya no es abstracto. Cada mesa suspendida, cada examen que no se toma, empuja a los estudiantes a un escenario de incertidumbre donde el esfuerzo individual choca contra una crisis estructural que, por ahora, no encuentra salida.

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