Una obra del grupo Eskenazi es señalada como factor clave en las inundaciones que golpearon a Zonda
Un informe elaborado por especialistas en geología, hidrogeología y biología ambiental advierte que una obra privada realizada en la década del 90 habría sido un factor clave en la violencia con la que la creciente del río Blanco impactó sobre el Valle de Zonda durante el último temporal.
El trabajo pone el foco en una modificación estructural del sistema fluvial, ubicada a unos seis kilómetros aguas arriba del casco urbano, que habría alterado el comportamiento natural del río y aumentado el riesgo para la población.
Una obra de los 90 que cambió el curso del río
Según explicó la geóloga Sofía —impulsora del proyecto Verde Cierto—, la obra fue ejecutada en los años 90 con aval del Gobierno provincial y del Departamento de Hidráulica de aquel entonces. Se trata de un gran terraplén que bloqueó el abanico fluvial natural del río, desviando su curso y concentrando el caudal en apenas dos canales artificiales.
“Los ríos temporarios no tienen un solo cauce, sino múltiples brazos que distribuyen el agua de manera gradual. Esa obra anuló ese sistema y lo transformó en un embudo”, explicó la especialista.
De un sistema distribuido a una “bomba hidráulica”
El informe detalla que el río Blanco, al llegar al valle, debería dispersarse en numerosos cauces entrelazados. Sin embargo, la intervención hiperconcentró el flujo, aumentando la velocidad del agua y reduciendo drásticamente la capacidad de amortiguación natural del terreno.
A esto se suma la eliminación de vegetación nativa de ribera, la compactación del fondo y la construcción de canales angostos con paredes casi verticales, condiciones que incrementan la fuerza destructiva de cada creciente.
“El problema no es solo que llueva más, sino que se le agregó estrés a un sistema que ya es riesgoso por naturaleza”, advirtió.
Viñedos sobre un antiguo cauce
La obra permitió que terrenos históricamente ocupados por el río fueran utilizados para la producción vitivinícola. En la zona intervenida funcionan viñedos pertenecientes a una empresa vinculada al Grupo Petersen, controlado por la familia Eskenazi.
“El río fue desviado para que no avance sobre esas plantaciones. Es una práctica que se repite en muchas partes del país, pero eso no la vuelve correcta”, señaló la geóloga.
Riesgo para la población y ausencia de amortiguadores naturales
El informe remarca que el daño no es solo ambiental, sino también social. La creciente reciente dejó en evidencia falencias en la capacidad de respuesta local y situaciones de alto riesgo, como la circulación de transporte público durante el evento climático.
“Estamos hablando de un municipio pequeño, sin infraestructura ni tecnología suficiente para enfrentar una creciente de este tipo. Lo que pasó pudo haber terminado en una tragedia”, alertó.
Además, se destaca el rol clave de los esteros de Zonda —área natural protegida— como zona de amortiguamiento final del sistema, y se advierte sobre la necesidad de preservarlos estrictamente.
Pedido de revisión y soluciones superadoras
Tras el temporal, el equipo técnico solicitó una reunión con el Departamento de Hidráulica, que —según indicaron— mostró apertura para revisar criterios históricos y actualizar enfoques frente al cambio climático.
La propuesta no apunta a nuevas obras de cemento, sino a una solución mixta: 50% restauración natural y 50% intervención hidráulica, reabriendo cauces, ampliando secciones, reintroduciendo vegetación nativa y rediseñando el sistema de escurrimiento.
“Romper el terraplén y restaurar el sistema fluvial sería lo ideal. Si no, al menos avanzar en soluciones intermedias que reduzcan el riesgo”, plantearon.
Una advertencia a futuro
El informe concluye con una advertencia clara: si no se modifica la obra, las crecidas violentas se repetirán. No se trata de buscar culpables judiciales, sino de prevenir escenarios que puedan costar vidas.
“Las lluvias intensas van a seguir ocurriendo. La pregunta es qué hacemos como sociedad frente a eso”, sintetizó la especialista.






