River arranca el Torneo Clausura acorralado por la exigencia de su gente y su propia historia
Luego de las «vacaciones» durante el Mundial, el fútbol argentino volvió a poner el cronometro en cero con el comienzo del Torneo Clausura, pero para River la acción no arranca en esta primera fecha, sino que ya comenzó hace tiempo: viene acumulando presión desde hace casi tres años. En el Millonario las exigencias nunca cesan y las transiciones no existen: la camiseta obliga a competir, gustar y, sobre todas las cosas, levantar trofeos, un sinónimo de grandeza.
El equipo que conduce Eduardo Chacho Coudet llega a este debut frente a Barracas en el Monumental no solo golpeado en el ámbito futbolístico, sino también presionado por una hinchada que empieza a mostrar signos claros de agotamiento frente a un ciclo que no logra consolidarse.
Sin lugar a dudas, la alarma comenzó a sonar y a aturdir el último viernes en Salta. La prematura eliminación en Copa Argentina ante Aldosivi no solo presentó la pérdida de la vía más directa hacia un título, sino que reinstaló una preocupación enorme tanto en el hincha, como en la propia dirigencia. El rendimiento atípico y la falta de juego recordaron los peores tropezones de los últimos tiempos, borrando esas chispas de buenas sensaciones que el equipo había demostrado el semestre anterior, incluso a pesar de la dolorosa derrota ante Belgrano por el título del Apertura.
La dura derrota ante el Tiburón pareció ser la gota que rebalsó el vaso de los hinchas de River. A medida que el partido se iba sentenciando, el malestar de los simpatizantes se notó y transformaron cánticos de apoyo en canciones contra los futbolistas y el cuerpo técnico. Los clásicos «Jugadores…» y «Movete, River, movete» entonaron una noche que fue para el olvido y que se podría recrear este sábado con los más de 85 mil hinchas que alberga el Monumental.
Un mercado «Millonario»: la respuesta de la dirigencia
Frente a este panorama deportivo, la dirigencia respondió con un mercado de pases «millonario». River concretó uno de los periodos de transferencias más rutilantes y ambiciosos de los últimos tiempos.
La zaga central dio un salto de calidad indiscutible con la llegada de un campeón del mundo como Nicolás Otamendi, quien cumplió el sueño de vestir la banda roja tras finalizar su ciclo en Benfica. A él se le sumaron retornos con sentido de pertenencia: Rafael Santos Borré, que aceptó reducir su sueldo a la mitad para regresar y aportar su presión asfixiante, y Lucas Beltrán, que pegó la vuelta a préstamo desde la Fiorentina.
Para el mediocampo y la defensa se desembolsaron cifras de nivel europeo, asegurando a Mauro Arambarri y a Giovanni González para cubrir el carril derecho. Sin embargo, la frutilla del postre que rompió el mercado fue la inversión estelar por Ángel Correa, cerrada en una cifra cercana a los 15 millones de dólares. Angelito se convirtió en el fichaje más caro en la historia de River, un dato no menor.
¿Estos nombres son la respuesta? En los papeles, el salto de calidad es innegable. Pero la historia y la camiseta enseñan que los apellidos por sí solos no ganan partidos. Con semejante despliegue de jerarquía, el margen de excusas quedó reducido a cero. Si la directiva cumplió con creces al armar un plantel estelar, ahora la pelota quedó bajo los pies de Coudet.
El hincha ya no va a aceptar el discurso de la adaptación: exige que semejante billetera se traduzca de inmediato en fútbol y victorias.
El Clausura: el único camino para romper la sequía y devolverle la confianza a los hinchas
El Torneo Clausura deja de ser un campeonato más de la temporada para convertirse en un mandato absoluto. Para una institución acostumbrada a dominar el escenario nacional y a marcar el pulso del país, no dar una vuelta olímpica a nivel local desde la Supercopa Argentina 2023 es una marca demasiado pesada.
Más allá de la Copa Sudamericana, un tema aparte en River, casi tres años de sequía en el plano doméstico representan una deuda que altera el clima social y que ubica a este certamen como la gran prioridad del año.
Sabiendo además que el equipo ya desperdició dos oportunidades claras para asegurar su clasificación a la próxima Copa Libertadores, el Clausura y la Tabla Anual aparecen como las últimas dos vidas para el corto ciclo del Chacho Coudet. A estas alturas de la historia, hacer un «campeonato decente» o pelear arriba sin coronar no le alcanza a nadie.
Reconstruir la relación con la gente exige una muestra de carácter inmediata: recuperar la voracidad, dominar a los rivales en el Monumental desde el minuto uno y demostrar desde la primera pelota dividida que este equipo entiende la urgencia del momento.
Esta noche no solo se juegan tres puntos ante Barracas Central; River se juega la posibilidad de, poco a poco, ir apagando el incendio de la situación, asumir el peso del escudo y empezar a saldar la deuda de una vez por todas.
FMZ
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