Cómo transformar tu diálogo interno para aumentar tu confianza
En muchos casos, la personalidad que muestran las personas es una coraza que busca tapar los pensamientos y el diálogo interno que les carcome la cabeza a lo largo del día. Esto es algo común y que puede resolverse si se trabaja de la manera adecuada: El poder del ‘yo puedo’: cómo cambiar tu diálogo interno para ganar confianza.
Como es habitual en temas relacionados con lo cognitivo, este tipo de pensamientos se puede trabajar de diferentes maneras. El primer paso, y uno de los más importantes, será tomar conciencia de los actos y de qué forma impactan estos pensamientos negativos sobre uno mismo. Luego, habrá que cuestionar cada una de esas afirmaciones y analizar si tienen un fundamento real o se trata de una forma de castigarse a uno mismo.
Hay muchas personas que son más exigentes con uno mismo que con cualquier otro vínculo, sin importar si está asociado a lo laboral o lo social. Para ellos, la autocrítica siempre suele ser desmedida y cruel.
Sin embargo, no todos saben que el diálogo interno es algo que se puede trabajar y mejorar con el paso del tiempo, aunque en casos avanzados siempre es más recomendable consultar a un especialista en salud y psicología para que se encargue del tema de manera profesional.
También se puede optar por la conocida terapia ACT (Terapia de Aceptación y Compromiso), que consiste en aceptar este tipo de pensamientos, pero tener la certeza de que pueden ser variables. Partiendo de esa base, se puede avanzar con los mismos valores restándole cierta importancia a estas ideas con el paso del tiempo.
Desde la pandemia, el constante avance tecnológico y la falta de sociabilidad de los más jóvenes, que cada año se vuelven más adictos al teléfono y los dispositivos móviles, llevó a que muchos terminen padeciendo algún tipo de depresión, una enfermedad que suele venir acompañada con pensamientos negativos que contribuyen de forma negativa con todos estos aspectos.
También conocida como «nuestra voz interior», es importante destacar que estas opiniones siempre están sesgadas por la interpretación que cada uno tiene del mundo y la realidad. Por ello, la opinión nunca va a ser objetiva y siempre va a traer algo más escondido.
En estos casos es muy común que aparezcan las distorsiones cognitivas, es decir, construir un pensamiento sobre unas bases erróneas de interpretación.
El sitio especializado Psicología y Mente detalle cuáles son los tipos de distorsiones cognitivas más frecuentes en este tipo de personas:
- Pensamiento blanco y negro. Se trata de una visión de la realidad que no admite grises. O las cosas están bien o están mal, no hay ninguna otra posibilidad.
- “Leer” la mente del otro. Sucede cuando creemos a pies juntillas que una persona está pensando una cosa, cuando en realidad no tenemos ni la más remota prueba de ello más allá de nuestra subjetividad.
- Etiquetar a las personas. A menudo consideramos a una persona sólo a través de la etiqueta que le hemos puesto. Por ejemplo, si una persona es “aburrida” porque en el trabajo siempre está seria, no nos cabe en la cabeza que, en sus ratos de ocio, se vaya a un karaoke con sus amigos a divertirse.
- Personalizar la conducta ajena. Como si todo “girara en torno nuestro”, consideramos que cualquier cosa que haga o diga la otra persona tiene que ver con nosotros. Por ejemplo, si pasamos por delante de unos compañeros de oficina y en ese momento se ríen, según esta distorsión pensaremos que se están riendo de nosotros, y en nuestra mente no cabrá la posibilidad de que estén recordando algo gracioso que les ha sucedido.






