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Con casco y temple: El joven sanjuanino que dejó huella en Jesús María y abrió el debate sobre la seguridad

Con casco y temple: El joven sanjuanino que dejó huella en Jesús María y abrió el debate sobre la seguridad
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En una arena donde manda la tradición y el coraje se mide en segundos, un jinete sanjuanino logró destacarse no solo por su destreza arriba del caballo, sino también por el mensaje que eligió dar. Benjamín Javier Costa, de apenas 19 años, fue una de las figuras que brilló en el Festival Nacional de Doma y Folclore de Jesús María, combinando una actuación sólida con una decisión poco habitual: competir usando casco de protección.

El joven representante de San Juan salió al campo en la categoría bastos con encimera lisa, montando a “El Antojo”, un caballo de la tropilla Los Malacara. Su presentación fue firme, prolija y segura, lo que le permitió sostener la monta con autoridad y ganarse el reconocimiento del público presente en el tradicional festival cordobés que cada verano convoca a los mejores jinetes del país en Jesús María.

Sin embargo, más allá del resultado deportivo, lo que captó todas las miradas fue el casco que Costa llevó durante la competencia. En un ámbito donde el uso de protección no es frecuente y muchas veces genera resistencia, su elección no pasó inadvertida y despertó comentarios tanto en las tribunas como en el ambiente de la jineteada.

El propio jinete explicó que la decisión está ligada a una experiencia personal: hace dos años sufrió una lesión facial durante una monta, episodio que lo llevó a replantearse la importancia del cuidado físico en una disciplina de alto riesgo. Desde entonces, incorporó el casco como parte habitual de su equipamiento, incluso en escenarios de máxima exposición como Jesús María.

El gesto fue interpretado como una señal clara hacia las nuevas generaciones de jinetes. Costa demostró que es posible respetar la tradición, competir al más alto nivel y, al mismo tiempo, priorizar la seguridad personal. En una fiesta donde el aplauso suele premiar el coraje extremo, el sanjuanino sumó otro valor a su actuación: la responsabilidad.

Así, con juventud, talento y convicción, Benjamín Costa no solo dejó una marca en la arena, sino que también abrió una discusión necesaria dentro del folklore y la doma: cómo evolucionar sin perder la esencia, cuidando la vida de quienes hacen vibrar al público desde el lomo del caballo.

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