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El mensaje que llegó desde el teléfono de Camila cuando ya estaba muerta

El mensaje que llegó desde el teléfono de Camila cuando ya estaba muerta
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El relato del padre de Camila expone uno de los aspectos más estremecedores de la investigación por el femicidio de la joven ocurrido en Barreal. Según contó, después de que su hija fuera asesinada durante la madrugada, recibió mensajes desde el teléfono de ella varias horas más tarde. Lo que en ese momento parecía una conversación cotidiana con Camila, posteriormente adquirió una dimensión dramática: quien respondía era, presuntamente, el femicida, utilizando el celular de la víctima para hacerles creer a sus padres que ella todavía estaba con vida.

El padre recordó que los mensajes comenzaron alrededor de las 7.59 y las 8 de la mañana. «Me contesta él seguramente porque mi hija falleció a la una y… o sea, la mató a la una y algo, en la madrugada», relató. Y agregó que desde el teléfono de Camila recibió una respuesta que decía: «Ah, sí, papá, qué bueno. ¿Y cómo anda mami?». Para la familia, esas palabras tuvieron después un significado devastador: mientras ellos creían estar hablando con su hija, Camila ya había sido asesinada.

La conversación continuó con absoluta normalidad. El padre le respondió que habían pasado toda la noche con dolores y le contó que tenían que concurrir al médico: «Mirá, toda la noche estuvimos con dolor, viste, que andamos con muchos dolores». También le explicó que tenía un turno médico junto a su esposa para el martes, que ella debía llevar una resonancia y que él también tenía una consulta por sus propios problemas. Desde el otro lado del teléfono, las respuestas continuaron llegando como si se tratara de Camila.

Con la investigación ya en marcha, aquella conversación se transformó para el padre en una de las escenas más difíciles de reconstruir. «Es un cínico, porque utiliza el teléfono de su hija para responderle como si fuera ella cuando ya la había matado», expresó, visiblemente atravesado por la situación. Para la familia, no se trató solamente del asesinato de Camila, sino también del dolor de descubrir que, después de su muerte, alguien utilizó su teléfono para sostener durante algunas horas la apariencia de que ella seguía viva. El testimonio permite dimensionar de manera cruda el impacto que tuvo para sus padres reconstruir esas últimas horas y volver a leer mensajes que, en aquel momento, recibieron sin imaginar quién estaba realmente detrás de la pantalla.

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