El profesor que enfrenta a la IA en el aula: “Solamente copian y pegan, no saben ni lo que están copiando”
La inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana de los estudiantes y también ingresó de lleno a las aulas. Pero el problema, para el profesor Rubén Guzmán, aparece cuando esa herramienta deja de ser un recurso para aprender y se transforma directamente en un mecanismo para evitar el esfuerzo de pensar, leer, interpretar y escribir. Desde su experiencia diaria frente a estudiantes de escuelas técnicas y nocturnas, el docente relató situaciones que, según advirtió, muestran hasta qué punto el uso de la IA puede estar reemplazando el aprendizaje.
Guzmán explicó que una de las claves para detectar los trabajos realizados con inteligencia artificial está en la forma en que se construyen las consignas. “Yo trabajo con guías. Yo brindo cuadernillos a los alumnos armados por mí. Tampoco es que busco un cuadernillo hecho, sino que yo armo los cuadernillos”, explicó. Esa elaboración propia le permite reconocer rápidamente cuando las respuestas no son producto del razonamiento de los estudiantes. “Está en el concepto de cómo armar las preguntas, porque la IA es inteligente, pero no tanto. Es como vos armás las preguntas”, sostuvo.
El profesor remarcó que, pese al avance de la tecnología, “sigue siendo el humano el que manda”, especialmente cuando el docente diseña una consigna que obliga al alumno a interpretar diferentes elementos. “Por ahí la respuesta no está en el texto, está en la imagen. Entonces ahí cometen el error los chicos”, explicó. Para Guzmán, ese tipo de ejercicios permite descubrir rápidamente cuándo un estudiante simplemente trasladó una consigna a una herramienta de inteligencia artificial sin comprender qué se le estaba preguntando.
La detección también aparece cuando varios trabajos son prácticamente idénticos. “Primero encontrás uno que se equivocó. Cuando encontrás ya dos iguales o tres exactamente iguales, ya te diste cuenta que es IA”, relató. Incluso encontró una situación que considera reveladora: estudiantes que escriben incorrectamente las preguntas pero presentan respuestas perfectamente redactadas. “Es más, escriben mal la pregunta y escriben bien la respuesta, o sea, con errores ortográficos”, contó. Para él, esa diferencia constituye otra señal evidente de que el alumno no produjo el contenido por sus propios medios.
“26 de los 28 lo hicieron con IA”
Una de las experiencias que más impactó al docente ocurrió con un curso de 28 estudiantes. La consigna parecía ser una actividad escolar más, pero el resultado terminó mostrando una utilización masiva de la inteligencia artificial. “La otra vez tuve 28 alumnos. 26 lo hicieron con IA”, contó. Ante la repregunta, fue todavía más contundente: “26 de los 28 lo habían hecho con IA”.
Guzmán explicó que el problema no se limita a que los alumnos consulten una herramienta tecnológica. Lo preocupante, a su entender, es que la respuesta generada termina siendo copiada sin ningún proceso posterior. “Ninguno hace una evaluación de criterio del tema”, planteó. Y agregó que muchas veces los estudiantes ni siquiera verifican si aquello que obtuvieron de la IA responde realmente a lo que se les solicitó.
“Se copian, es más, copian la copia del otro”, describió. Y allí aparece otro de los elementos que utiliza para descubrirlos: “Las respuestas a veces estaban en imágenes, no estaban en textos. Entonces te das cuenta que lo estaban copiando”. La herramienta, en lugar de convertirse en un apoyo para construir conocimiento, termina funcionando como una máquina de copiar y pegar.
El profesor incluso realizó deliberadamente otra experiencia para comprobar hasta qué punto los estudiantes estaban leyendo sus propias tareas. “Habíamos dado una guía y al poco tiempo nos toca un plan de contingencia. Adivinen qué hice. Mandé la misma guía”, relató. La reacción del curso fue inmediata y, al mismo tiempo, reveladora: “Cortó y pegó. Cortó y pegó”.
Lo más llamativo fue que ninguno advirtió que estaba recibiendo nuevamente una actividad que ya había realizado. “No se dieron cuenta que ya esa guía ya la habían hecho”, señaló. Guzmán esperaba que algún alumno detectara la situación y le preguntara por qué estaba enviando nuevamente el mismo trabajo. Sin embargo, eso nunca ocurrió. “Nunca ninguno me preguntó: ‘Profe, esto ya lo mandó’. Yo esperaba eso”, contó.
Para el docente, esa experiencia sintetiza el problema que observa diariamente. “No están aprendiendo nada”, afirmó. “No están leyendo nada”. Y profundizó: “Es un copiado y un pegado. No existe interpretación de texto, interpretación de lectura, no existe nada. Ellos directamente copian. No saben ni lo que están copiando”.
Escrito y oral: la estrategia para comprobar qué aprendieron
Frente a esta situación, Guzmán decidió modificar la manera de evaluar. Si un alumno puede presentar un trabajo perfectamente redactado pero después no puede explicar qué escribió, para el docente existe una evidencia clara de que ese conocimiento no fue incorporado.
“Yo ahora les hago escrito y oral porque tienen que expresar lo que escriben. Si no podés decir lo que has escrito, no lo has escrito vos”, explicó. Y relató que la evaluación oral deja expuesta rápidamente la falta de comprensión. “No tienen idea, no pueden expresar lo que han escrito porque no saben lo que han escrito”, sostuvo.
Guzmán no plantea necesariamente que la inteligencia artificial deba quedar fuera del ámbito educativo. Su cuestionamiento apunta a la utilización que se hace de ella. En ese sentido, el problema sería distinto si un estudiante utilizara la herramienta como apoyo, incorporara la información, la analizara y posteriormente pudiera explicarla.
“Si por lo menos lo hicieras con inteligencia artificial, pero lo incorporás y después lo expresás y lo explicás, bueno, más o menos”, planteó. Sin embargo, inmediatamente advirtió: “Hay muchos que no lo hacen. La mayoría, diría yo”.
También cuestionó que algunos docentes simplemente permitan que la situación continúe. “Muchos profesores lo dejan pasar y lo dejan pasar”, afirmó. Y para Guzmán, esa falta de intervención termina teniendo consecuencias mucho más profundas en la trayectoria educativa.
Un problema que va mucho más allá de la IA
La experiencia del profesor lo llevó a advertir que detrás del uso indiscriminado de inteligencia artificial existe un problema educativo previo. Durante la entrevista relató el caso de un alumno de primer año que logró avanzar en el sistema educativo pese a presentar enormes dificultades para escribir.
“Tengo un alumno en primer año que no sabe escribir”, contó. Ante la aclaración de que no se trataba simplemente de escribir mal, explicó: “Literalmente, si yo le dicto, no sabe las letras, él sabe copiar”.
El docente aseguró que el estudiante no reconoce correctamente las letras cuando debe escribirlas a partir del dictado. “Si yo le dicto, no sabe la fonética de las letras”, relató. Sin embargo, puede reproducir algo que tiene delante. “Cuando uno le dicta, no entiende. Pero sí sabe copiar”.
La situación le genera una pregunta sobre todo el recorrido educativo anterior de ese estudiante. “Nadie se dio cuenta en todo el sistema”, planteó. Y cuestionó especialmente que haya podido atravesar la primaria sin que alguien detectara esa dificultad: “Ningún docente se detuvo y dijo: ‘Che, ¿qué pasa con este pibe? ¿Qué pasa con este chico?’”.
Guzmán explicó que él comenzó a advertir la situación porque el alumno nunca terminaba los trabajos en el aula, aunque posteriormente los llevaba realizados. Cuando decidió exigirle que terminara las actividades delante suyo, apareció otra explicación: “Los trabajos que hacía se los hacía la madre”.
Por eso, el profesor considera que el problema no puede ser colocado exclusivamente sobre la escuela. “Estos problemas educativos no son solo escuela, es social”, sostuvo. Para él, existen responsabilidades compartidas entre el sistema educativo, los docentes y las familias.
La caída del nivel y el riesgo de llegar así a la universidad
Guzmán trabaja con estudiantes de escuelas técnicas, escuelas nocturnas y distintos establecimientos secundarios. Desde ese lugar aseguró haber observado un deterioro sostenido del nivel educativo durante los últimos años.
“No he visto en los últimos tres años que el nivel ha declinado, pero a inframundo casi”, expresó, en referencia a la caída que observa en las capacidades de los estudiantes. Recordó que anteriormente encontraba alumnos capaces de realizar investigaciones y utilizar herramientas informáticas con criterio. “Yo tenía conferencias increíbles, investigaciones, chicos que manejaban los recursos informáticos bien, haciendo cosas”, relató.
La comparación con la actualidad es lo que más le preocupa. “Ahora tengo chicos que no saben escribir”, afirmó. Incluso contó haber recibido trabajos de estudiantes de quinto año con errores elementales.
En ese contexto, volvió a poner sobre la mesa la responsabilidad de quienes acompañan al alumno durante su formación. “Hay dos pilares muy importantes, no solamente el sistema, sino el docente y el papá en la casa”, sostuvo. Y cuestionó que muchas veces los padres ni siquiera concurran a la escuela cuando son convocados: “Te cansás de llamar padres y los padres no asisten a las escuelas, no vienen a las escuelas”.
El docente también habló de otra dificultad: el temor que algunos profesores tienen a las consecuencias de exigir y poner límites. “A mí me llevó… te dicen ahí: ‘No te metas tanto’”, relató. Y agregó que existen casos de represalias. “Hay violencia. Conozco casos que los chicos le han rayado el auto, le han pinchado ruedas”, contó.
Sin embargo, Guzmán aseguró que también recibe reconocimiento de alumnos que, con el tiempo, comprenden por qué el docente fue exigente. “Muchísimos chicos me dicen: ‘Profe, usted me la hizo llevar, pero yo lo quiero mucho’”, relató. Para él, esa frase demuestra que algunos estudiantes terminan comprendiendo que el objetivo no era perjudicarlos, sino enseñarles.
“Las pantallas han venido a restar”
El debate sobre la inteligencia artificial llevó también al profesor a hablar del uso general de la tecnología y de las pantallas. Su posición no es prohibirlas: de hecho, aseguró que las utiliza dentro de sus clases.
“Yo utilizo pantallas con chicos. Yo les mando videos de TikTok, les envío informes hechos por mí, trabajamos porque la tecnología la tenés que incorporar”, explicó. Pero inmediatamente marcó la diferencia entre incorporar tecnología y saber utilizarla.
“Es bastante… que ellos no la saben utilizar”, afirmó. Y fue todavía más directo: “Creemos que los adolescentes manejan todo, no manejan, no lo saben utilizar”.
Según su experiencia, los estudiantes dominan determinadas funciones relacionadas con el entretenimiento, pero no necesariamente las herramientas que podrían ayudarlos a aprender. “Sí saben para hacer videítos, qué sé yo, pero no saben utilizar lo rico de la tecnología”, sostuvo.
Para Guzmán, ese potencial debería estar puesto al servicio del conocimiento: “Particularmente entrar en el mundo del conocimiento, aprender algo”. Desde aprender un oficio hasta resolver un problema, investigar o conocer la historia, considera que existe una enorme cantidad de posibilidades que hoy no están siendo aprovechadas.
“Los escritorios dan vueltas”
El mensaje final del profesor Guzmán no estuvo dirigido exclusivamente contra la inteligencia artificial. Su preocupación central es qué tipo de estudiantes y futuros profesionales está formando el sistema educativo si se permite que la copia reemplace al aprendizaje.
“Todos los días tengo que devolver trabajos”, relató. Según explicó, obliga a los alumnos a rehacerlos y, en determinados casos, a realizarlos delante suyo. Pero también señaló que existe una diferencia entre los docentes que deciden enfrentar el problema y quienes prefieren dejarlo pasar.
“Todos los días devuelvo trabajos por… y lo tenés que volver a hacer y me miran y lo tenés que hacer delante mío”, contó. Y lanzó una advertencia sobre lo que puede ocurrir si esa responsabilidad se va trasladando de un docente a otro: “El próximo profesor estará el compromiso o no, si quiere arreglársela o deja que ese chico pase y termine el secundario y llegue a la universidad y rebote la universidad”.
Pero incluso planteó un escenario todavía más preocupante: que el estudiante logre avanzar sin haber adquirido los conocimientos necesarios. “Y tenemos una persona, obviamente, sin ningún tipo de conocimiento”, sostuvo.
Su reflexión fue contundente: “Los escritorios dan vueltas. Hoy estoy de este lado, mañana ustedes van a estar del otro lado y los voy a necesitar yo a ustedes”. Por eso, les explica a sus alumnos por qué insiste en que aprendan: “Por eso necesito que salgan bien”.
Para Guzmán, en definitiva, la inteligencia artificial no puede convertirse en el reemplazo de la capacidad humana de leer, comprender, pensar, escribir y explicar. La herramienta existe y, según su propia experiencia, llegó para quedarse en las aulas. El desafío es que los estudiantes aprendan a utilizarla sin dejar de aprender por sí mismos.
Y su conclusión vuelve a poner el foco en una responsabilidad que considera colectiva: “No existe una conciencia colectiva, esto es social”. Un diagnóstico que, desde el aula, plantea una pregunta mucho más grande que la utilización de una aplicación: qué ocurre cuando un estudiante puede entregar una respuesta, pero no puede explicar qué respondió, no puede escribirla por sí mismo y tampoco puede reconocer que ya había hecho exactamente la misma tarea.






