“Nos prestan gente, pero no hay solución”: Vecinos de Bermejo apuntan contra el municipio por la crisis del agua
La situación del agua en Bermejo, en inmediaciones del santuario de San Expedito, expone un reclamo sostenido en el tiempo y una fuerte crítica a la falta de respuestas estructurales por parte del municipio de Caucete.
Una vecina del lugar, en diálogo con este medio, describió con crudeza el escenario que atraviesan:
“Hace muchos años que tenemos el mismo problema con la cañería. No tenemos mantenimiento, el agua no está potabilizada y siempre pasa lo mismo”.
El punto central del reclamo está puesto en la ausencia de una solución de fondo. Según explicó, las intervenciones que se realizan son apenas paliativas:
“Van y arreglan donde se rompe, ahí nomás, pero no le hacen mantenimiento a los más de 20 kilómetros de cañería. Es algo provisorio, y al otro día se vuelve a romper”.
En ese contexto, la vecina fue contundente al describir el rol del municipio:
“La única ayuda que nos da el municipio es prestarnos gente. Nos dijeron que nos prestaban a los chicos para que vayan a trabajar, pero la comida la tenemos que poner nosotros”.
Incluso detalló cómo se organizan para poder sostener esas jornadas:
“Entre los vecinos juntamos, uno pone un kilo de pan, otro un pedazo de carne, lo que sea, para que la gente que va a trabajar pueda comer”.
Sobre esos trabajadores, aclaró que no se trata de personal técnico:
“No es gente idónea que va a resolver el problema. Son personas del mismo pueblo que trabajan para el municipio y nos dan una mano, nada más”.
La falta de respuesta concreta agrava una situación crítica que se repite con frecuencia:
“Podemos estar cinco o seis días sin agua. La otra vez estuvimos un mes entero sin agua. Y recién cuando empezamos a reclamar por todos lados, ahí vinieron”.
En ese sentido, también apuntó directamente contra la gestión de la intendenta Romina Rosas:
“Vino, hizo una reunión y mandó a los mismos chicos, pero arreglaron solo lo que estaba roto en ese momento. No hay una solución de fondo”.
Mientras tanto, el abastecimiento depende de camiones cisterna enviados por el Gobierno provincial, aunque tampoco logran cubrir toda la demanda:
“A veces alcanza y a veces no. Vienen una vez por semana y no es suficiente”.
Finalmente, dejó un mensaje directo a las autoridades municipales:
“Que se ponga la mano en el corazón y que piense en el pueblo. Acá hay gente grande, chicos, personas con discapacidad. Yo tengo 32 años y desde que tengo memoria siempre tuvimos este problema y nadie lo soluciona”.
El testimonio refleja no solo la precariedad del sistema, sino también el hartazgo de una comunidad que asegura sentirse sola frente a una problemática estructural que, hasta ahora, sigue sin respuesta.










