Escándalo sanitario en Mendoza: la fuerte denuncia de un sanjuanino por lo que vivió su familia
El arquitecto sanjuanino Pablo Salinas hizo pública una grave denuncia contra el Hospital Privado de Mendoza luego de lo ocurrido con su suegro, Daniel Osvaldo José Sulia, de 75 años, quien sufrió un deterioro neurológico irreversible después de una cirugía de cadera. El caso adquiere una dimensión todavía más preocupante porque no se trataría de un episodio aislado: otros pacientes que pasaron por los quirófanos del mismo establecimiento también desarrollaron cuadros de meningitis. De acuerdo con la información que recibió la familia, hasta el 22 de octubre había siete casos confirmados, cinco pacientes en estado grave y dos fallecidos. Todos tenían un antecedente en común: habían sido operados en el mismo hospital y, según sostiene Salinas, habían recibido anestesia raquídea. La familia reclama que se esclarezca lo sucedido, se determinen las responsabilidades y se conozca cuántas personas fueron afectadas.
Una caída, una fractura y una cirugía que parecía no tener complicaciones
Daniel Sulia vivía solo en Malargüe, era independiente, manejaba su automóvil y disfrutaba de las salidas recreativas. Tenía EPOC controlada, pero llevaba una vida activa y mantenía un buen estado general. El sábado 26 de septiembre sufrió una caída en su domicilio que le provocó una fractura de cadera. Permaneció internado en el hospital de Malargüe hasta el 3 de octubre, cuando fue trasladado a la ciudad de Mendoza para recibir una prótesis cubierta por PAMI.
Durante esos días se encontraba lúcido, autónomo, de buen ánimo y con análisis normales. Finalmente, el viernes 16 de octubre fue intervenido quirúrgicamente por el traumatólogo identificado por la familia como el doctor Neme. La operación fue considerada exitosa y, al salir del quirófano, Daniel estaba consciente, hablaba y hasta realizó una videollamada con dos de sus hijas. Sin embargo, apenas cuatro horas después de la intervención comenzó una dramática transformación de su estado de salud.
Las primeras señales de alarma y una frase que encendió las sospechas
Alrededor de las 16 del viernes comenzó a perder el conocimiento, transpiraba excesivamente y presentaba rigidez en la nuca y las manos. Según el relato de sus familiares, las primeras respuestas del personal de enfermería fueron que esos síntomas podían ser normales después de una cirugía.
Con el paso de las horas, su estado empeoró. Presentaba episodios de excitación psicomotriz, mirada perdida, desorientación y rigidez en distintas partes del cuerpo. Durante la madrugada, cuando su situación era cada vez más preocupante, una médica habría manifestado una frase que quedó grabada en el relato familiar: «Algo pasó en el quirófano, la paciente de al lado está igual».
El sábado 17 de octubre Daniel sufrió una severa dificultad respiratoria y fue trasladado a terapia intensiva. Allí le comunicaron a sus familiares que presentaba un cuadro neurológico grave y un tromboembolismo pulmonar. Posteriormente recibieron otras explicaciones médicas, entre ellas una posible neumonía que habría derivado en una sepsis y un fallo multiorgánico.
La meningitis y una bacteria intrahospitalaria bajo sospecha
La infección que posteriormente le diagnosticaron a Daniel fue una meningitis provocada por la bacteria Serratia marcescens, un microorganismo asociado a infecciones intrahospitalarias. Se trata de una bacteria que puede sobrevivir y multiplicarse en ambientes húmedos y que ha sido vinculada a la contaminación de agua, soluciones, desinfectantes, antisépticos, medicamentos e instrumental sanitario.
Este dato adquiere especial relevancia por el antecedente que plantea Salinas: según su denuncia, los pacientes afectados por meningitis tenían en común haber recibido anestesia raquídea. Este procedimiento consiste en introducir una aguja en la región lumbar para administrar el anestésico en el líquido cefalorraquídeo, que rodea el cerebro y la médula espinal.
La coincidencia entre los pacientes y el tipo de anestesia utilizado abre un interrogante central sobre las condiciones de esterilidad de los insumos y medicamentos empleados durante las intervenciones. La familia busca que se determine si existió contaminación en algún elemento utilizado durante el procedimiento, aunque el origen concreto de los contagios todavía debe establecerse mediante la investigación.
Salinas también plantea la necesidad de prestar atención a los antecedentes de contaminación de insumos médicos, como ocurrió con el caso del fentanilo contaminado en Argentina. La comparación apunta a la importancia de investigar los productos y procedimientos utilizados en ámbitos sanitarios, sin que ello implique que se trate de la misma bacteria o del mismo mecanismo de contaminación.
El pedido de una punción lumbar que, según la familia, fue rechazado
Mientras Daniel permanecía inconsciente y sin respuestas neurológicas, sus hijas comenzaron a pedir estudios para determinar el origen de su deterioro. Una de las principales solicitudes fue la realización de una punción lumbar para descartar meningitis. Sin embargo, aseguran que el pedido fue rechazado en reiteradas oportunidades, con el argumento de que el paciente estaba demasiado grave para realizarle determinados estudios.
La situación dio un giro el miércoles 21 de octubre. Una de las hijas, técnica en laboratorio y trabajadora de un servicio de bacteriología de otro establecimiento sanitario, tomó conocimiento de informes emitidos desde el Hospital Central sobre pacientes con meningitis que tenían un antecedente en común: habían sido operados en el Hospital Privado.
Ante esa información, la familia exigió respuestas y consiguió una reunión con la directora médica del establecimiento. Allí recibieron una confirmación que aumentó la preocupación: les comunicaron que a Daniel ya le habían realizado la punción lumbar, que el líquido extraído había salido turbio y que habían comenzado a administrarle Meropenem, un antibiótico utilizado para tratar infecciones bacterianas graves.
Según el relato de las hijas, las autoridades también habrían admitido que algo había sucedido durante el procedimiento quirúrgico y que se iniciaría una investigación.
Siete casos, cinco pacientes graves y dos fallecidos
El jueves 22 de octubre la situación tomó estado público en Mendoza. La información difundida daba cuenta de siete casos confirmados de meningitis entre pacientes que habían sido intervenidos quirúrgicamente en el Hospital Privado. De ese total, cinco se encontraban en estado grave y dos habían fallecido.
La gravedad del escenario motivó el inicio de investigaciones, allanamientos y procedimientos sobre insumos de quirófano y sectores de farmacia, que fueron clausurados. La familia de Daniel sostiene que, mientras se conocían nuevos detalles sobre los contagios, el estado de salud de su ser querido continuaba empeorando.
El viernes 23 de octubre, dos de sus hijas se presentaron ante la Fiscalía de Estado para denunciar lo sucedido. La investigación comenzó a avanzar mientras los familiares insistían en que se realizaran nuevos estudios para conocer el daño neurológico que estaba sufriendo Daniel.
La hidrocefalia severa y una derivación de urgencia
Durante el fin de semana del 24 y 25 de octubre, la familia continuó solicitando una tomografía de control. Según denunciaron, el médico terapista de turno se negaba a realizarla porque consideraba que el estado del paciente impedía trasladarlo para ese estudio.
Finalmente, el lunes 26 de octubre se concretó la tomografía, aunque el resultado fue comunicado al día siguiente. El diagnóstico fue devastador: Daniel presentaba hidrocefalia severa y edema cerebral severo, una acumulación de líquido que generaba una fuerte presión sobre el cerebro y podía provocar daños neurológicos irreversibles.
El martes 27 fue trasladado de urgencia al Hospital Central de Mendoza, debido a que los quirófanos del Hospital Privado se encontraban clausurados. Allí le realizaron una nueva tomografía y una intervención de emergencia para efectuar un drenaje ventricular. Según el relato familiar, los profesionales extrajeron una enorme cantidad de líquido del cerebro, que salió a presión y presentaba un aspecto turbio amarillento.
Daniel pasó nuevamente a terapia intensiva, con un pronóstico neurológico extremadamente desfavorable y complicaciones renales.
Daño neurológico irreversible y un pedido de justicia
Desde el 27 de octubre hasta el miércoles 4 de noviembre permaneció internado en el Hospital Central. La familia destacó especialmente la atención profesional y humana del equipo de terapia intensiva, aunque el daño neurológico ya era irreversible.
Ese miércoles, luego de una resonancia magnética cerebral y de una evaluación conjunta entre los médicos, el Comité de Bioética y los familiares, se resolvió no continuar con medidas terapéuticas de mayor complejidad y mantener únicamente cuidados paliativos.
El hombre que unas semanas antes manejaba su auto, vivía solo, disfrutaba de sus salidas y esperaba recuperarse para volver a Malargüe ya no podrá recuperar aquella vida independiente.
Ahora, el arquitecto Pablo Salinas y la familia de Daniel reclaman que la investigación avance y que se esclarezca qué ocurrió en el quirófano, cómo se produjeron los contagios, si existieron demoras en el diagnóstico y tratamiento y qué relación pudo existir entre los procedimientos de anestesia raquídea y los casos de meningitis.
El reclamo también apunta a conocer la dimensión real de los contagios y establecer las responsabilidades de las autoridades del Hospital Privado. La familia no solamente busca justicia por Daniel: quiere saber qué pasó con los otros pacientes, cuántas personas resultaron afectadas y evitar que una situación semejante vuelva a repetirse.






