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«Llegué a odiar el fútbol»: era una promesa de Boca, lo comparaban con Gago y Banega, pero se fue a España y vivió una pesadilla :: Olé

«Llegué a odiar el fútbol»: era una promesa de Boca, lo comparaban con Gago y Banega, pero se fue a España y vivió una pesadilla :: Olé
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Cualquier guionista o director cinematográfico pagaría por contar o dirigir su historia. Una ilusión que terminó convirtiéndose en un drama. Serie de acontecimientos, con profundos detalles, que le narró Maxi Sepúlveda a Olé desde Valencia, España. Oriundo de Moreno, p asó desde sus inicios en Boca y el cartel de futuro «Gago o Banega» a un sueño que le vendieron desde España y que terminó transformándose en una pesadilla por todo lo que finalmente perdió. Gente que lo engañó a él y a su familia, kilómetros y kilómetros recorridos en busca de una oportunidad y un lugar en el mundo del fútbol. Decepciones, sufrimiento, lágrimas y una lucha interna y externa, siempre con el acompañamiento de sus viejos, de su hermana y, más tarde, de su esposa, con quien hoy formó una familia en suelo ibérico. Allí disfruta de otra etapa en su vida, inesperada: enseña pádel como profesor en su propia academia.

«Llegué a odiar el fútbol», fue la contundente frase que sale de su boca al recordar todo lo que vivió. A los 36 años, Sepu contó qué pasó con aquella promesa que alguna vez ilusionó a Boca. Hoy, en Pintaban para cracks, pero…

-Sos de Moreno, a los 10 años te vas a probar a Boca siendo de River, ¿cómo fue?

-Mi familia es de Lomas de Moreno. Jugué primero en la escuela de Artime, después en el barrio de Lomas de Moreno, Atlas, Defensores de Moreno y después armamos un grupo tremendo, con mis amigos de toda la vida, padres. Yo era el típico chico que le regalaban una camiseta de San Lorenzo y decía que era de San Lorenzo. Después, un amigo de mi abuelo me regaló una camiseta de River y fui dos años de River. Pero no me importaba mucho, no era fanático de un equipo. Sí le dije a mi papá si podía ir a River a probarme. Llamó porque le insistí mucho tiempo. No se pudo porque los de mi categoría estaban en un torneo en Italia y no hacían pruebas en esa fecha. Y bueno llamó a Boca, hacían pruebas. Así fue, fuimos a Villa Crespo. Nos presentamos, una locura de gente, colectivos por todos lados. Estaba Ramón Maddoni. Tuve la suerte de que me miraran y me hicieron volver. Y al tercer día, con los chicos de Boca de AFA, me dijeron que me pasara a entrenar con ellos y hacer un partido. En menos de diez días me dijeron que me quedaba.

-Más allá de esa alegría, ¿ya jugabas al pádel en esa época?

-Vengo de una familia que el deporte se le da bien. Me acuerdo jugar con mis tíos y abuelos al ping pong, al vóley. Y había un club en Moreno que íbamos bastantes tardes, los fines de semana. Y un día me dijeron para jugar, me sumó el dueño del club. Tenía ocho años y salí campeón, ja. Le dijeron a mi papá, un profesional que estaba ahí, que me tenían que entrenar, porque me tenía que dedicar al pádel. Mi objetivo a largo plazo no lo era. Era un hobby. Mi papá aparte no tenía las condiciones para pagarme las clases. Y, ya en Boca cuando me probé, con el tema del crecimiento, el suelo duro del pádel me lastimaba demasiado. Entonces, me preguntó mi viejo qué quería hacer y le dije el fútbol. Ya llevaba un año y pico entrenando. Sí obviamente de chiquito me llamó la atención y bueno, me fui preparando para ese lado después con los años.

Maxi Sepúlveda con Fernando Gago (Facebook e Instagram personales).Maxi Sepúlveda con Fernando Gago (Facebook e Instagram personales).

-Volviendo a tus raíces, ¿tu papá llegó a jugar como futbolista?

-Sí, Iván Sepúlveda, delantero. Sufrió bastante también en Boca. A los 16-17 años estaba con el plantel de Primera, pero no lo hacían debutar. Estaba Diego Latorre, por ejemplo. Lo llevaron a una pretemporada y debutó en una copa si no me equivoco. Después, Eber Mástrángelo, que era como un padre para él, se lo llevó a Costa Rica. Mi papá tenía 21 años. Yo tenía uno. Estuvo un año, pero volvió porque extrañaba a su familia. Después pasó a Chile, dos años creo. En Osorno y después Unión Española. Volvió a Argentina, quedó medio tirado y terminó jugando en la liga de Rufino, donde se convirtió en ídolo. Tenía 28-29 años, pero no llegó a hacer una diferencia económica. Lo que ganaba no alcanzaba para el después.

-Y vos, ¿siempre jugaste como volante?

-Mirá, creo que nunca lo hablé. Yo en Defensores de Moreno jugaba de central, de dos, de líbero. Era tiempista, me gustaba ir al corte. Y después me gustaba pegar a patadas, ja. Y de ahí paso a ser cinco y me quedo en el medio. Me voy a probar a Boca como cinco. Cinco clásico. Bueno, en España en un momento, con un doble cinco, me pusieron más adelantado. Yo en Boca, el que me recuerda, defendía, pero igual me gustaba tener la pelota. Y ya justo en España, llegué a ser medio centro ofensivo y hasta media punta o segundo delantero. En vez de ir para atrás, iba para adelante. Tuve siempre ese gustito de hacer goles.

Maxi Sepúveda en Inferiores (Facebook y recuerdos personales).Maxi Sepúveda en Inferiores (Facebook y recuerdos personales).

-Nombraste a Maddoni, en Séptima a Sergio Saturno, ¿qué otros entrenadores tuviste en Inferiores?

-Cuando entro a Boca, me dejan en el Metropolitano. Sufrí un poco para pasar a AFA. Los que me dan la oportunidad de pasar a AFA son sus sobrinos Manuel y Gastón Maddoni. En Novena tuve a César Mendoza, que fue un gran papá para mí. Me cuidó, me arropó y fui capitán. En Octava al Colorado Regenhardt, con el que no la pasé muy bien. No me quería, no aceptaba mi juego. En Boca igual le dijeron que yo tenía que jugar. Él me quería quitar, incluso trajo un cinco de Santa Fe, pero terminó siendo suplente. Y ya después en Séptima con Saturno. Genial, pero bueno yo tomé la mala decisión de salir de Boca.

Maxi Sepúveda en Inferiores (Facebook y recuerdos personales).Maxi Sepúveda en Inferiores (Facebook y recuerdos personales).

-Jugabas en esa categoría ’90 con Cañete, Colazo, Sánchez Miño, Blandi, Muñoz. Muchos llegaron a Primera. ¿Mantienen el contacto?

-Teníamos muy buen equipo. Había otras categorías que destacaban mucho más, pero teníamos muy buenos jugadores. Igual ahí preguntaban qué pasaba porque había buenos jugadores, pero a la Selección fuimos tres y de River nueve. Y cuando yo tomé la decisión de irme a España, esa Séptima sale campeón y luego de Sexta en adelante, suben a casi todos a pretemporada de la mano de Coco Basile. Estaban también Gastón Sauro, Pichi Erbes. Yo me llevo bien con todos, con él tengo una gran relación. Y sí, hay un grupo de whats app con el nombre de la categoría. Hablamos.

-Vos desde los 10 años tomaste el fútbol, según tus palabras en otras entrevistas, como un trabajo. ¿Sentías mucha presión? ¿Por qué?

-Sí. La verdad que sí. Yo lo tomé como un trabajo. Como te dije al comienzo, no era un sueño mío. Yo quería ser médico forense de chico. Para mí era un trabajo. Fue un sacrificio siempre. De parte de mis padres también. Muchas veces costaba. Pagar un colectivo, un tren. Después tener un representante y que invirtiera en uno. Nos llegaron a pagar una casa… Yo lo tomaba como eso. Con el tiempo uno se da cuenta. Yo ayudaba a mi familia. Mi papá y mi mamá no me decían que los iba a salvar, pero escuchabas que otros te decían ‘vas a salvar a tus viejos’. Y en Boca, tuve la suerte de que me conocieran después de unos años, y hasta el de seguridad me lo decía. Que iba a llegar, a debutar. Era constante la presión mentalmente. Económicamente era un trabajo, era ayudar a mi familia. Me divertí poco poco, perdí bastante infancia. Y Boca es mucha presión, desde el primer día hasta el último. Que había que ganar, no se podía perder, todo había que hacerlo bien. Y después, quizá tenía la suerte de jugar contra San Lorenzo y hacer un gol, pero mi papá me reprochaba por la pelota que había perdido, que no podía hacerlo. Porque estaban los ojeadores, estaba la Selección. Me ponía a llorar. Tenía hasta Moreno una hora y veinte de viaje desde Casa Amarilla llorando. Fue difícil. Después aprendés. Hay muchas historias de padres con jugadores que les meten esa presión, porque son así muchas veces.

-¿Con tu viejo lo pudiste hablar con el tiempo el tema de la presión negativa?

-Yo tengo un hijo de ocho años ( ndr: y una nena de un año). Eso te forma tu carácter, te da principios, valores. La presión de mi papá me formó y aprendí muchas cosas, consejos, pero había otros que no había ese filtro, de ir más suave. Y todo eso que viví, gracias a Dios, pude aprender y no lo voy a vivir con mi hijo. Mi hijo va a divertirse. Mi viejo fue mi mejor amigo, siempre de buena relación con él y mi mamá. Mi papá tuvo la mala suerte que se marchó con el covid. Pudimos hablar de eso de la presión durante muchos años, sin rencor.

-Retornando a la presión propia de Boca, estaban Gago, Banega y ya se hablaba de vos, ¿eso también terminó siendo contraproducente?

-No ayuda en el día a día. El peor año que yo pasé fue con Regenhardt. Me machacaba que no corría, comentarios así. Todo para hundirme. Después hablaron con él por el trato que tenía conmigo. Y todo lo tratamos con las psicólogas en Boca. Yo estaba mucho en la pensión con los de la ’88, donde jugaban Juan Forlín, Banega. Me conocían y me decían que iba a debutar en Primera. Se comentaba eso y había una presión extra. Y después de Gago, cuando debuta Ever, me empezaron a preparar con videos. Lo que hacía bien o mal. Tenían reuniones con directivos, con los detés de mi categoría y el primer equipo. Y pensaban que después de Banega, venía yo.

El cruce con Messi en Ezeiza

Maxi Sepúlveda (Facebook e Instagram personales).Maxi Sepúlveda (Facebook e Instagram personales).

-Te aparto un segundo de Boca, a la par jugabas en juveniles de Selección. Sub 15, Sub 17. ¿Es verdad que llegaste a cruzarte con Messi en Ezeiza, pese a ser de distintas categorías (1987 vs. 1990)?

-Jugar no, fuimos sparrings de Sub 17, Sub 20 alguna vez. Me acuerdo patente. Estábamos en AFA, el Kun Agüero ya por ejemplo era conocido porque había debutado en Independiente. Y de Messi decían que venía un chico de España. Cuando entró, muy tímido. Nosotros jugando al ping pong, se quedó por ahí. Teníamos a Miguel Ángel Tojo y Pancho Ferraro como entrenadores. Como me dejaban quedarme a dormir a pesar de vivir en Moreno, tuve la suerte de estar cuando Messi llegó y se quedó allí. Después hicimos de sparrings. Y cuando volvió a España empezamos a mirar los partidos de Barcelona.

Maxi Sepúveda en Inferiores (Facebook y recuerdos personales).Maxi Sepúveda en Inferiores (Facebook y recuerdos personales).

-¿Algo que te haya impactado de verlo en cancha?

-Había muchos buenos jugadores. Maxi Moralez, por ejemplo. Messi destacaba muchísimo, pero yo recuerdo una patada que le metí por ejemplo a Diego Buonanotte, ja. Me echaron del entrenamiento. Porque nos estaban pegando un baile terrible. Buonanotte agarraba la pelota y era como Messi. Me acuerdo más de él que de Leo. Porque Messi era tan humilde, sencillo y vergonzoso que pasaba desapercibido. Obviamente, no le quitabas la pelota ni loco. Al Kun Agüero no lo movías. Estaba también Mauro Zárate, que no le gustaba usar las medias altas y lo sacaban ja.

-Sí, con Tojo, Ferraro. Desde la primera llamada de Miguel Ángel en Navidad para darme la noticia que estaba seleccionado con 14 años hasta el final. Siempre lindos recuerdos. Después, la decisión de no ir más, justo antes del Mundial de Corea-Japón Sub 17, fue porque justo se dio lo de salir de Boca. Y ahí no jugué más ( ndr: por el tema de la patria potestad al irse al exterior). Con Tojo hablé hace un año y pico gracias al psicólogo Marcelo Roffé. Vino a Valencia, estuve con él y lo llamó a Miguel.

La salida por patria potestad y el engaño que frenó su carrera

– ¿La salida de Boca cómo fue? ¿Por qué te marchaste?

-Ya en 2006 empiezan a dar vueltas representantes de España, rondando. Yo estaba con Marcelo Simonian. Él estaba con Banega y yo, más o menos, sabía que cuando Banega se fuera de Boca, venía yo. Simonian estaba luchando para que a mí me hicieran un precontrato o aseguraran que en caso de vender a Banega, seguía yo. Bueno, desde Boca no querían. Y aparecen dos representantes de España, se compinchan con un argentino y empiezan a ofrecer el oro y el moro. Era una película espectacular, con muchas reuniones. Mi papá quería hablar con Boca, que estaban José Beraldi y Mauricio Macri. Se lo dice primero al director general y se convoca a una reunión general para charlar porque había otra oferta sobre la mesa. A ver, yo estaba bien en Boca y había dudas de irme o no a España. Pero por lo que ofrecían, cómo no íbamos a desaprovechar la oportunidad de ir allá. Hablamos con Boca finalmente. Fue mi papá, porque Marcelo (Simonian) ya no quería pelear más. Finalmente, le dicen a mi papá que no me iban a subir el contrato. Me daban un viático más lo que me pagaba mi representante. Entonces, caliente tras la reunión, mi papá me dijo que nos íbamos. Nos fuimos por la patria potestad.

-Llegás a Racing de Santander tras salir de Boca, ¿qué pasó?

-Ahí empieza la película. Nos vamos por la patria potestad, que a mi papá le iban a dar un trabajo. Y cuando llegamos a Santander, estaba todo menos el contrato. Era en realidad como una prueba. Me recibe el DT Miguel Ángel Portugal, entreno una semana, pero llego sin papeles siendo extracomunitario, igual que le pasó a Brian Sarmiento, que nos conocíamos desde los 10-11 años y estaba allá. Justo me lo encuentro en una tribuna. Nos pusimos a hablar. Fue un engaño para los dos. Pero a él le sale bien, porque le hacen un contrato por nueve años y a mí no. El DT Portugal pide que me hagan los papeles porque quería que me quedara. El Racing estaba bien en esa época, jugando Copa UEFA.

-A todo esto, a vos ya te deja de representar Simonian, pasaste a manos de los españoles, ¿no?

-Sí, arreglaron entre ellos. Marcelo ya no quiso hablar más con Boca, arreglaron con los otros representantes y yo terminé mi relación con él ahí.

-¿Y entonces, cómo siguió la historia? ¿Por qué a Sarmiento sí le hicieron contrato y a vos no?

-Yo con el tiempo y los años me fui enterando. Los dos repres de Sarmiento eran de Bilbao y tenían mucho peso, manejando bien la situación. Le hicieron un contrato y no les importó mucho llevarse una comisión. Los míos habían pedido una millonada. Con los dos españoles míos estaba también un argentino y después se sumó otro. Cuatro representantes. Los argentinos piden de comisión poco, 200 mil dólares. Se les pagó y desaparecieron tras llevarme a mí. No tuve más relación. Y ahí fue cuando nos engañaron. Llegamos a Santander, a un pueblo cercano llamado Noja y desaparecieron. Y luego empezaron los españoles a mentir. Ellos, después me enteré, le pidieron una comisión muy alta a Racing para que yo firmara. Me lo contó incluso el director deportivo del club.

-De esos cuatro repres, ¿qué sabés en la actualidad?

-Uno de Argentina se perdió en el camino, el otro en 2012-2013, me pidió disculpas por lo que había pasado, me reconocía haberme arruinado la carrera. Y de los españoles, uno está en la quiebra en el pueblo donde viven mi mamá y mi hermana (Noja). Se dedicó a la construcción y después se quiso meter en el fútbol. Y el otro que se asoció con él en un momento continuó. Cuestión que a mí me dejaron sin equipo casi un año.

-¿Entonces cómo continuaste?

-Bueno, la idea inicial y original era que empezara la temporada con el primer equipo de Racing y que yo ocupara la plaza extracomunitaria. Me acuerdo que estaba el argentino Aldo Duscher. No se ocupa mi plaza, me siguen mintiendo, no se firma, que por un millón, medio millón y la comisión por detrás. Bueno eso es lo que a mí me hace odiar al fútbol un poco y todo lo que se maneja detrás en las oficinas. A mí me dejan tiradísimo. Ya llevábamos tres meses desde la llegada en abril de 2007. Incluso pensamos en llamar a Boca y volver. No quedaba otra. Encima, Boca ni AFA autorizaban a dar el pase. Y bueno estábamos con abogados, con el tema de la patria potestad, porque a mis viejos tampoco les hacían los papeles y no había algo que demostrara que estaban trabajando. Les habían pagado un dinero, pero no estaban trabajando. Y no se podía demostrar ante AFA la patria potestad por trabajo. Me quedo sin jugar y me empiezan a manosear. A que fuera a Getafe, a Atlético de Madrid, que lo hice una semana. Me querían, pero todo tema de los representantes, que parecía que estaban entregando a Messi. Mostraban que jugué en Boca, mi currículum, los videos. Se querían hacer millonarios con un contrato. Siempre era un no por eso, no por lo futbolístico.

-¿Llegaste a ir a entrenar a Real Madrid?

-En realidad a un gimnasio pegado a La Moraleja (barrio donde viven muchos futbolistas del Merengue y cercano a la ciudad deportiva de Valdebas) y me crucé con David Beckham. Después otra vez me lo crucé en Estados Unidos, ja. Pero sí, en La Moraleja me entrenaba con un profe que trabajaba en el Madrid porque se hablaba de que podía ir al menos al Castilla B.

-¿Y a todo esto, tu relación con los representantes españoles cómo seguía?

-Uno, el que inicia todo, hasta el 2011-12 fue mi representante. Era el principal, el que nos dio la casa en Noja, coches, el trabajo para mis viejos. Me cuidaba como un hijo, pero no tenía ningún peso en el fútbol. Él se quiso meter en la representación, dice que lo engañan. No fue nada. Los argentinos habían desaparecido. Además, aparecían por Noja otros representantes al enterarse de mi situación. Iba por ejemplo al Madrid con otros dos. Y después al Spezia, con un tipo que terminó luego preso en Madrid. Tenía como cinco pasaportes, se hacía pasar por italiano, ruso. Era argentino. Lo detuvieron, justo engañando a un nene y a los padres que iba supuestamente a llevarlo a Real Madrid.

-¿Ese mismo primero te iba a llevar a Inter de Milán y después no fue así?

-Claro, yo me voy con ese tipo. Nos vamos en coche desde Madrid, sur de Francia y pasando Génova, en Italia, me dice que tenía que bajarme y que pasaba un colectivo. Yo tenía 17-18 años. Yo no entendía nada. Me estaba engañando. Me subí al colectivo. Llegué a un lugar, ahí en la montaña, no sabía ni dónde estaba, no entendía nada en italiano, aunque si te hablan un poquito vos podés entender, pero mi cabeza era un mundo de preguntas, me ponía a llorar la noche. En realidad, era una pretemporada del Spezia. No entendía nada, hasta que el segundo día le pregunté al entrenador y éste, un poco que hablaba español, me contó la situación de que yo estaba como una prueba allí, que era como un sub 19-20 que hacían para después mandar al Spezia. No era Inter. Y en ese momento en ese sub-19 yo coincido con Acerbi, luego central del Inter.

-Muy mala persona. Por ejemplo, te hacía la típica estupidez de agarrarte la valija y esconderla o tirarla por la ventana. Mala persona dentro del vestuario y fuera. He conocido gente que estuvo con él y hablan lo mismo.

-Después de esa nueva fallida experiencia, ¿te vas a Estados Unidos?

-Estaba por terminar 2008, viene otra vez un chico representante desde Madrid, que tenía un contacto en Los Ángeles. Yo encima los papeles a mí no me los daban, sí a mis viejos. Ocupaba plaza extranjera en España y me tuve que ir. Voy a Chivas USA y coincido con Sacha Kljestan, número 10 que luego jugó en la selección de Estados Unidos. Y allí viví una película. Me dieron un cochazo, una casa, estuve dos semanas en Beverly Hills viviendo. Después en Carson. Fue espectacular, pero yo quería jugar al fútbol y recuperar mi ilusión.

-Ya a esa altura, cansado desde todo punto de vista y sin poder jugar…

-Decepcionado, porque al final te ilusionaban con cosas que no eran. Te quiere el Inter y no. Llegamos a Estados Unidos y no. Y después, por decirte un número, de cobrar 10 mil a cobrar dos mil. La desilusión era constante. Mentalmente estaba hundido. Le pedía a Dios que me diera fuerzas. Y era la resiliencia, levantar cabeza, seguir luchando, entrenar y demostrar. Estuve dos meses en Estados Unidos. Y el director deportivo del Chivas USA, que era neerlandés, me dijo en un almuerzo que mi representante pedía medio millón para él. Y me decía que cuando me librara del representante que me trajo ahí y del de Noja, ahí iba a empezar a jugar. Yo me puse a llorar con el tipo, que conocía hace un mes y medio. Me había tomado cariño. Yo era un pibe que estaba solo allá. Era transparente y veía que me estaban matando.

-¿Por qué no podías desligarte y romper esa representación negativa?

-Teníamos un contrato de diez años, doce. Era totalmente ilegal. Tuvimos que asesorarnos. Me sentía atado, que encima no tenía idea de que me había arruinado la carrera. Mi familia sigue en el pueblo y el tipo no sale, no puede dar la cara con nadie. Es un pueblo de dos mil habitantes, pero no sale ni a la calle.

-De Estados Unidos te vas a América de México…

-Viene un tipo, que no era representante y me quiere ayudar. Me fue a buscar a Los Ángeles y me llevó al DF en México. Me llevó a vivir con su familia, conocí a un pibe que había jugado en River llamado Tulio Etchemaite. Nos hicimos como hermanos. El tipo nos puso un preparador físico y nos dijo que en América o Cruz Azul nos podía meter. Vamos a América y nos quieren. Pero cae Ramón Díaz, con jugadores argentinos (Pocho Insúa, Chango Moreno, Fernando Ortiz y Seba Domínguez) y el asunto de las plazas. Tema también en el medio de representantes, porcentajes, no podemos cerrarlo. Nos quedamos entrenando con el América, jugando en el Socio Águila, que era como la Reserva y que jugaba en Segunda División. Y tengo la mala suerte que jugaba de cinco o de diez, y el cinco era el hijo del entrenador. Ni una derecha.

Maxi Sepúveda.Maxi Sepúveda.

-¿Te quedó alguna positiva? ¿Conocer a Beckham finalmente?

-Sí, y a un montón de gente. Fiestas con famosos, Johnny Deep, ja. Justamente, el mejor amigo del presidente de Chivas USA vivía en Bel Air. Era bestial. Una locura. Me llevó a tres fiestas con gente famosa y en una apareció Deep. En otra Orlando Bloom. Era una película de verdad. Un sueño. No pateaba una pelota, pero lo que me hacía conocer era terrible. Disfruté, pero el bajón estuvo en la cabeza. Tenía 18 años y era tremendo lo que me estaba pasando. Encima en México seguían pasando cosas, alguien que me dice que me podía llevar a Boca de nuevo…

-¿Te llevan a una reunión con Andrés Lillini, que era director de inferiores de Boca?

-Hay un representante que me lleva a un restaurante en México y me dice que me va a presentar a alguien que me iba a llevar a Boca de nuevo. Para la gente, yo jugaba en América por las fotos que salían entrenando con el primer equipo, pero no. Aparece Lillini, yo lo conocía de antes. Estaba cuando yo me fui de Boca y discutí bastante con él por la situación, bastantes puteadas de ambas partes. Siempre fue chocante y prepotente. Lo veo, lo saludo y nos quedamos cenando. Me dijo que iba a hacer todo lo posible para que volviera, que mínimo en Reserva iba a jugar. Yo llevaba casi dos años sin jugar, pero seguía entrenando. No me había olvidado de patear la pelota. Me dio un número de teléfono al salir del restaurante, que me iba a llamar. No me contestó nunca más. Nueva desilusión, lamentablemente.

-Antes de volver a Noja (Santander), ¿tenés una historia también por Brasil?

-Me dicen de la posibilidad de ir a Brasil. Yo ya llevaba seis meses en México del año que estuve. Un amigo de esos repres de Argentina que te nombré antes me dice que en Brasil estaba todo firmado, que me querían de Cruzeiro. Porque los representantes se manejan así, eso es lo que odio. Te crean falsas expectativas. El jugador o pibe se ilusiona. Bueno, estuve 15 días y me querían fichar en realidad para un equipo Primavera, como una filial. Era un segundo equipo. Y yo estaba bien en el América con el segundo equipo. Me volví de Brasil. Y antes de volver a España, también me llevan a Querétaro. Pero como tuvimos también la mala experiencia de Salvador Cabañas, que le pegaron un tiro, me quise ir de México. Me fui a Santander.

-Volviste a España, ¿cómo siguió la carrera?

-Juego seis meses en el Noja, en Tercera División (una cuarta categoría). Luego me firma Racing de Santander dos años con la filial, con la opción de que si subía, tenía el contrato con el primer equipo. Me suben al primer equipo, con tres-cuatro años de contrato. Llega Juan Carlos Unzúe, que era el segundo de Luis Enrique. Había dejado Barcelona. Era entrenador de arqueros. Y se vino a Santander, que ya estaba en segunda para 2012-2013. Me había visto en la filial y me quería. ¿Sabés cuánto duró? Un mes, por la mafia del fútbol. Dijo que le iban a pagar 600 mil euros y que el presidente le pedía el 20 por ciento. Lo contó en el vestuario cuando lo despedieron. Él confiaba en mí y yo iba a ser titular. En su lugar llegó Fabri González. Eran el agua y el aceite. A uno le gustaba el fútbol, jugar todos por abajo. El otro era correr, gimnasio, defensa de cinco. Hacía entrevistas personales y te preguntaba tu signo. A cinco jugadores nos dijo que no contaba con nosotros porque éramos ‘del Barcelona’. Nos dejó todo el año, pero sin jugar. Yo me la aguanté, el Racing no me dejó salir en el mercado de invierno. Me querían el Eibar y Zaragoza.

Maxi Sepúveda en Inferiores (Facebook y recuerdos personales).Maxi Sepúveda en Inferiores (Facebook y recuerdos personales).

-¿También antes tuviste una oferta del Sevilla? ¿Qué pasó?

-Me llama Monchi, que era el director deportivo. Necesitaban un mediocentro. Pensé que era la mía nuevamente. Voy cinco días a Sevilla, conozco dónde vivían los jugadores y vuelvo a Santander. Me llaman de una radio local, me dicen que no se iba a hacer la operación. La gente me quería mucho en Santander, sabían que era una promesa y todo lo que me habían engañado. Me dicen que iban a fichar a otro jugador, que valía tres millones y medio para la prensa, pero para los clubes ocho y el resto se lo repartían entre directivos. Y que la operación se iba a hacer por eso. Dicho y hecho. Me llamó el presidente del Racing y me dijo que no me iba. Una locura.

Maxi Sepúveda en Inferiores (Facebook y recuerdos personales).Maxi Sepúveda en Inferiores (Facebook y recuerdos personales).

-¿De qué manera fuiste manejando todas estas frustraciones?

-Gracias a Dios, hoy no se me caen las lágrimas, pero hubo muchos años que no podía hablar, ni recordar momentos. Tengo amigos que han triunfado, los iba a ver jugar y en el coche de regreso me ponía a llorar. Me decían por qué daba clases de pádel y yo hundido, me dolió esa frustración. A la larga salí, con psicólogos, ayuda de Dios, mi familia, mis padres, mi hermana, mi mujer. Durante muchos años estuve muy mal. No miraba fútbol cuando Racing en 2013 me hace un despido sin precedente.

El conflicto en Santander y el día que Luis Rubiales fue su abogado

Maxi Sepúveda en Inferiores (Facebook y recuerdos personales).Maxi Sepúveda en Inferiores (Facebook y recuerdos personales).

-Tras el año en Segunda, donde pasan varios entrenadores, se desciende a Segunda B. Yo tenía un contrato con un número que había que cumplirlo. En agosto de 2013 nos hacen un despido sin precedente muy feo. El delegado del club (ndr: Delfín Calzada) me dijo que no podía firmar conforme, que llamara a un abogado. Me lo dijo con los ojos llorosos. Llamó a la AFE, como Agremiados en Argentina. Y el abogado que me representa es Luis Rubiales, que luego tuvo el problema del beso como presidente de la Federación Española y todo eso. Me dice que me quedara tranquilo, que me presentara al entrenamiento y que, si me querían echar, él llamaba a Marca, a otros lados y se enteraba todo el mundo. Yo no sabía en quién confiar. Imaginate. Aparece Rubiales conmigo, empieza a estudiar mi caso. Esto pasa en agosto y en octubre-noviembre sale el juicio. Me tenían que pagar el contrato, daños. Además, había una cláusula importante que yo durante ese año no podía jugar en un equipo profesional porque yo pertenecía a Racing. Bueno, antes de entrar a juicio, viene el abogado del presidente de Racing para arreglar. Me daban el doble y un poco más de lo que Rubiales había pedido. Arreglamos, firmamos y nos fuimos. Económicamente le había sacado algo, me estaban dejando en la calle. Pero por otro lado, no me quería ni mi mamá. Y por la cláusula no podía hacer una ficha profesional. Y tengo que jugar en Tercera División y voy al Formac Villarubia, de Castilla-La Mancha. A dos horas de Madrid.

Maxi Sepúlveda (Facebook e Instagram personales).Maxi Sepúlveda (Facebook e Instagram personales).

-Me lleva un amigo que había conocido en Noja, Iván Torres, que ahora es preparador físico de Xavi Hernández. Él había jugado ahí y, cuando se entera, me dice que fuera, que me iban a tratar bien. Y ahí empieza también mi carrera en el pádel, porque la directiva del club que me recibe, además de pagarme un sueldo, me cuenta que iban a abrir un club de pádel. Se me encendió la lamparita, fui. Empecé con las clases. Yo jugaba al fútbol, jugaba torneos, daba clases. Yo ahí para mí el fútbol se había terminado, porque ya era el barro. Estaba quemadísimo. Estuve seis meses allí.

Maxi Sepúlveda (Facebook e Instagram personales).Maxi Sepúlveda (Facebook e Instagram personales).

-Después te fuiste a Lucena en Madrid, ¿seguías a la par con el pádel?

-Claro, era la Segunda B. Yo me quedo en Madrid entrenando con el pádel, que debía hacerlo para competir como profesional, más allá de que se me daba bien. Y un amigo me llama para Lucena, que me ofrece un dinero para seguir viviendo del fútbol. Era aparte una categoría más y, si bien no entraba la ilusión, si lo hacía bien podían llamarme de Segunda o ascender con ese equipo. A los seis meses nos dejaron de pagar, yo tenía un año de contrato. Menos mal que había ahorrado algo. Y ahí me llama un representante para ir a Chile.

Pregunta sobre los engaños y frustraciones que iba padeciendo en su carrera y cómo lo transitaba o afrontó

-Pero tampoco jugás en Chile, ¿por qué?

-Me dicen que me querían de Santiago Morning, de Concepción. Este repre me decía que ya tenía el contrato sobre la mesa. Arreglo el pasaje y voy para allá. Y me querían pagar tres mil dólares, no es por desmerecer, pero era una nueva mentira, no era lo que me habían prometido. Me habían dicho 10 mil dólares al mes. Para eso me quedaba en Santander, trabajando… Ahí dije basta y conocí a mi mujer al volver a Argentina.

-No se dio en lo profesional, pero sí en el amor…

-Sí, ja. Hablo con ella de nuevo, empezamos a concretar, ya después de muchos años. A todo esto, vuelvo a Santander y juego en el Gimnástica Torrelavega, donde tuve los mejores cuatro meses futbolísticos de mi vida. Vine enamoradísimo de mi mujer. Hice como 12 ó 14 goles en ocho partidos. Yo casi de 10 jugando. Y se empieza a comentar en Gimnástica Torrelavega de eso. Yo me sentía Messi en ese lugar, ja. Mi mujer viene a Santander un mes y me pregunta cómo seguir porque ella tenía que volver a Argentina. Y yo dejé el fútbol. Jugué tres-cuatro meses en Gimnástica y le dije al club que tenía que arreglar un tema en Argentina, un tema familiar. Me quedé con eso, pero tenía la posibilidad de jugar en Argentina.

Maxi Sepúlveda (Facebook e Instagram personales).Maxi Sepúlveda (Facebook e Instagram personales).

-¿Entonces, qué pasó en Argentina?

-Tenía varios conocidos y les decía que me llevaran a cualquier lugar. Allí aparece Manuel Maddoni, que estaba en el CADU y coincido con Maravilla Martínez, que lo habían llevado a probar. Yo estaba para jugar de cinco. Hacemos pretemporada con él, vamos a Mar del Plata y me esguinzo la rodilla justo ante Defensa y Justicia, tres días antes de jugar contra Racing, donde estaba mi amigo Gustavo Bou. Ahí no jugué más. Ahí fue una depresión terrible. No soportaba vivir en Argentina, no quería salir. Era un mar de lágrimas.

– ¿De qué manera continuaste, cómo saliste?

-Mi mujer era de Casilda, nos casamos en abril de 2016 y nos volvemos en junio. Ahí vuelvo a Gimnástica, como la estrellita. Pero ahí tuve la desgracia de que el entrenador que estaba ahora lo había tenido en la filial del Racing de Santander y en otros equipos y a mí me odiaba, pero me tenía que aguantar, porque ya era como un ídolo para el club. Me hizo las mil y una. En uno de los partidos me dejó calentando desde los 20 minutos, lloviendo a cántaros. Todo el partido. La directiva no entendía. Hasta que en un partido nos enfrentamos con la filial de Racing de Santander, ganamos 1-0 y yo le grito el gol re caliente. Ahí estalló la guerra. De ahí me voy a Valencia, a Torre Levante, gracias a un DT que había tenido primero en Gimnástica llamado Raúl.

-¿Allí qué tal? Ahora es tu lugar de residencia…

-Bueno, primero Raúl me dice que un colombiano era dueño del equipo y pagaba bien, estaba la posibilidad para ir. Que iba a jugar, yo iba a ser el 10. A mi mujer no le gustaba mucho el clima de Santander, entonces era un punto positivo ir a Valencia, el mar. Vinimos supuestamente por seis meses. Habían armado un equipo para ascender, nos quedamos a las puertas. En paralelo, yo seguía con el pádel. Yo tenía mucho tiempo libre. Empecé a recorrer los clubes, jugar torneos y me hice un nombre en esos seis meses, como para dar clases, jugar torneos. Bueno, dejamos todo embalado para irnos a Santander después de las vacaciones y a mi mujer la llaman para trabajar acá en Valencia. Es licenciada en genética. Nos preguntamos qué hacer, si quedarnos en Valencia. Ahí plantamos bandera, me quedé jugando al fútbol, pero ya era como que le hacía más caso al pádel que al fútbol. Entrenaba y después daba seis horas de clase por día al pádel. Me puse un restaurante argentino acá también. Y en 2018 nace mi hijo Luca. Creo que de 24 horas, trabajaba 20.

Maxi Sepúlveda (Facebook e Instagram personales).Maxi Sepúlveda (Facebook e Instagram personales).

-¿Seguiste entonces en Torre Levante?

-Hay otra historia. Bueno, cuestión que después de esos seis meses, en el club tenían que bajar el presupuesto. Y pagó los platos rotos el que más tenía confianza con Raúl, que era mi amigo. Es decir, yo. Primero Raúl me dice que me iban a pagar menos y a los tres días, me cambió la versión, que la directiva no quería contar conmigo. Después de todo lo que había pasado, con un ser humano más cercano, que venga y te manosee… Este flaco se sentaba en mi casa. Estaba también como ayudante Javi Venta, que había jugado con Riquelme en Villareal. Un fenómeno, me llevo genial con él. Juego al pádel, vivo acá cerca.

-¿Fue tu adiós definitivo del fútbol?

No, jugué en otro equipo en Tercera de Valencia, el Buñol, donde se hace la Fiesta de la Tomatina. Aparece un tipo para hacernos un contrato profesional a todos, que es imposible en esa categoría. Y a los tres meses nos dejaron de pagar. Yo aguanté, lo denuncié y me enfoqué 100 por ciento en el pádel y en mi restaurante. A todo esto, el Buñol me debía un dinero. Desciende y agarra otra directiva. Me dijeron que si yo perdonaba un porcentaje, me pagaban todo, pero me querían jugando allí. Juego un año más y después tomo la decisión de no seguir. Pero me llaman dos amigos y me dicen de ir a Soneja, en la misma categoría que Buñol. Que me podían pagar algo. Fueron seis meses. Y pasó algo terrible.

Maxi Sepúlveda (Facebook e Instagram personales).Maxi Sepúlveda (Facebook e Instagram personales).

-¿Qué sucedió en Soneja?

-Me vienen a ver mi hermana, mis viejos. Ganamos 1-0 con gol mío de cabeza a los 94′. Yo voy, abrazo a mi viejo que estaba en la tribuna, le doy un beso, le dije te amo. Se contagia mi hermana de covid y nos contagiamos luego todos. Mi mamá se pone muy mal en enero y la tienen que internar. A la semana la sacan, pero ingresan a mi papá. Y él estuvo un mes, hasta que el 10 de febrero de 2021 falleció. Entonces, ahí ese 21 de diciembre de 2020 fue mi último partido. Me vio mi viejo, le dediqué el gol y se terminó. Estuve cinco años sin jugar, hasta que me convencieron de volver. Un amigo santiagueño Guillo, que también le pasó algo parecido a mí. Y ahí en ese equipo conocí a gente de Córdoba. Y bueno todo el equipo está lleno de tipazos. Se llama La Playa. Voy para disfrutar, desconectarme un poco.

La reinvención con el pádel

-¿Imaginabas este presente luego de estar desde pequeño ligado al fútbol, con todo lo que te pasó?

-No, te soy sincero. No me lo imaginaba para nada porque también he de reconocer que de chiquito mi sueño era otro, tampoco era ser jugador de fútbol. Yo quería ser doctor forense. Se dio lo de Boca, después la ilusión del día a día, jugar en Primera y vivir del fútbol. Todas esas cosas que desde chico van pasando. Y lo del pádel fue un plan B. Gracias a Dios, uno se fue preparando, porque en el fútbol me venían pasando cosas difíciles. Jodidas. Y en algún momento se termina. Y si bien hay gente con la vida salvada económicamente, tienen que seguir haciendo cosas o invertir. Yo tenía que volver a la realidad de un ser humano de trabajar. No me imaginaba tener una academia de pádel, ser profesor. Obviamente, después de todo lo que me pasó, mi sueño era, que lo pude cumplir entre comillas, la Sub 15, la Sub 17, jugar en la Selección Argentina y todo lo que venía por delante, que bueno después se truncó. Pero lo del pádel no me lo imaginaba.

Maxi Sepúlveda (Facebook e Instagram personales).Maxi Sepúlveda (Facebook e Instagram personales).

-Y al full el pádel desde entonces con la Academia y todo…

-Sí. Como dije, empecé dando clases en un club que me abrieron la puerta, jugando torneos. La gente me empezó a mirar al jugar bien. Se empezaron a sumar en las clases. Después está el carisma y la pedagogía. Me empecé a hacer un nombre, a crecer. Y de la nada, de diez clases, a veinte, cuarenta. Para mí el fútbol era un trabajo, en el pádel encontré la pasión de enseñar. Me encanta. Me llama mucho la atención aprender y transmitirlo. Luego me patrocinaron y después me insistieron que pusiera una academia. Fui creciendo. Tuve un profe, dos, muchos alumnos. Y ahora un equipo de competición, como cada club o academia. Y es la Academia MS, en Calderona Wellness. Es un lugar de lujo, con un resort, hotel cinco estrellas, gimnasio, restaurante. Las pistas son espectaculares, viene mucha gente extranjera, Francia, Países Bajos, Italia, Inglaterra”.

-¿Se prenden ex futbolistas?

-Un montón, justamente hace dos tres semanas, jugaron David Silva (ex Manchester City) y Xabi Prieto de la Real Sociedad, un torneo de Leyendas. Y yo vivo en Bétera, donde viven muchos ex jugadores de Villareal, Valencia y Levante. Juega mucho el argentino Tino Costa, Roberto Soldado, ex Real Madrid. Muchos se enganchan.



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