Sin Messi y con una nueva generación: las caras que pueden llevar la bandera de Argentina rumbo al Mundial 2030
El final del Mundial 2026 marcó mucho más que una derrota en una final. La caída ante España significó el cierre de una generación que cambió para siempre la historia de la Selección y, apenas unas semanas después, Lionel Messi confirmó su salida del equipo nacional. El capitán tendrá su despedida el 6 de octubre ante Benín, en el Monumental, pero el proceso hacia 2030 ya comenzó.
El primer punto es aceptar una realidad: Messi no tiene reemplazo. No lo tuvo Argentina durante los últimos 20 años y tampoco lo tendrá ahora. Buscar al nuevo número 10 sería equivocarse de problema. Lo que debe encontrar la Selección es una nueva forma de repartir el peso creativo, ofensivo y emocional que durante tanto tiempo estuvo concentrado en un solo futbolista.
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Ahí aparece Nicolás Paz. El mediocampista de Como es probablemente uno de los nombres que más naturalmente puede ocupar una función creativa dentro del nuevo equipo. No porque juegue como Messi, sino porque tiene pausa, visión, capacidad para recibir entre líneas y personalidad para pedir la pelota. A su lado aparece Franco Mastantuono, que ya fue incluido por Scaloni en la primera convocatoria posterior al Mundial y que representa otro perfil: desequilibrio, conducción y capacidad para romper líneas.
También habrá que mirar a Julián Álvarez y Lautaro Martínez. Los dos ya son parte de la estructura de la Selección y, sin Messi, deberán asumir una cuota mayor de responsabilidad ofensiva. El desafío será incluso táctico: durante años Argentina tuvo al capitán como punto de referencia y ahora deberá encontrar la manera de que sus delanteros sean protagonistas sin necesitar permanentemente de él.
el grupo argentino 2030
Detrás de ellos aparece una generación que pide pista. Claudio Echeverri, Matías Soulé, Gianluca Prestianni, Santiago Castro, Giuliano Simeone, Valentín Barco y Agustín Giay son algunos de los nombres que pueden ganar espacio durante este ciclo. La primera convocatoria después del Mundial ya mostró esa intención: Scaloni incluyó a varios jóvenes que no habían formado parte del plantel mundialista o que habían tenido un papel secundario.
Pero el recambio no puede ser solamente ofensivo. Argentina también tendrá que reconstruir su columna vertebral. Emiliano Martínez, Cristian Romero, Alexis Mac Allister y Enzo Fernández aparecen como futbolistas con edad y recorrido suficientes para convertirse en parte de esa transición. La pregunta será quiénes asumirán el liderazgo que antes estaba repartido entre Messi, Otamendi, Di María y otros campeones.
Y ahí aparece uno de los factores más importantes: el vestuario. La Selección que llegó a la cima no se construyó solamente alrededor del talento. Hubo una identidad, una convivencia y una manera de competir que se transformó en una ventaja. El próximo desafío será conseguir que los nuevos referentes entiendan que no se trata de copiar a la generación anterior, sino de construir su propia historia.
También está el factor Scaloni. Su contrato termina en diciembre y su continuidad todavía no está definida. Si sigue, tendrá la ventaja de conocer desde adentro el proyecto que llevó a Argentina a ganar títulos y llegar nuevamente a una final del mundo. Si se marcha, el desafío será mantener una idea de Selección y no empezar de cero. La propia AFA sostiene que el proyecto de selecciones debe mantenerse más allá de los nombres.
La próxima Copa América será una primera prueba importante, pero el objetivo real estará más lejos. 2030 parece lejano y, justamente por eso, Argentina tiene tiempo para acomodarse, probar futbolistas y modificar estructuras sin la urgencia de una competencia inmediata. El Mundial del Centenario será el punto de llegada de una generación que hoy todavía está buscando su lugar.
Messi se va dejando una vara prácticamente imposible de igualar. Lo que viene no debería intentar hacerlo. La nueva Selección tendrá que encontrar otra manera de ganar, otros líderes y, sobre todo, una identidad propia.
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